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¿Tiene futuro Vaca Muerta?

Postergaron nueva­mente la licitación del gasoducto; la defini­ción del proyecto y el llamado a concurso le quedará al próximo gobierno.

A principio de esta semana, el Gobierno Na­cional anunció la postergación de la licita­ción del gasoducto de Vaca Muerta para el 31 de marzo del año próximo, de tal manera que le corresponderá a la administración del presiden­te electo, Alberto Fernández, lidiar con el proyecto, al que hay que darle un nuevo perfil, y especialmente con el capítulo administrativo del llamado a concurso, que ya tuvo una postergación anteriormente por pedido de los oferentes. La iniciativa contempla una inversión de aproximadamente 800 millones de dólares. Fue una de las promesas del presidente Mauricio Macri, que está terminando su gestión con varias asignaturas pendientes. El segun­do puente Corrientes-Chaco se inscribe en ese largo listado de compromisos que quedaron en el aire.

Independientemente de las muchas frustraciones que pueden computar los argentinos de dis­tintas latitudes, la suspensión de la licitación del gasoducto de Vaca Muerta asoma como razonable en el actual cuadro de situación del país. Es verdad que no representa un gesto de seriedad ante el mun­do, pero dado los numerosos incumplimientos en los que incurrió el gobierno de Cambiemos, quizás hasta resulte saludable patear para adelante el proyecto. Por otra parte hay un detalle que es determinante: no apa­recen los inversores. Vaca Muerta, que tiene un enorme potencial, de pronto se quedó huérfana de interesados, hasta YPF redujo los emprendimientos que tenía allí.

La crisis económica que envuelve al país desalentó a los inversores, no sólo en materia energética. Y como la situación de la Argentina no tiene perspectivas de mejorar en lo inmediato, la pregunta obligada es: ¿qué posibilidad de desarrollo concreto tiene Vaca Muerta?

En ocasiones pareciera que en los discursos hay más de anhelo que de realidad. Por el momento el empren­dimiento no ha logrado superar la etapa del prospecto. Mientras tanto la Argentina sigue con el déficit energé­tico y en particular hay un doloroso efecto en el bolsillo de la gente en lo que respecta al valor del combustible derivado del petróleo, las naftas. A principio de mes se terminó el congelamiento y hubo una suba, para di­ciembre se espera otra de igual magnitud: 5%.

Algo no está bien si pasar por los surtidores consti­tuye un sufrimiento en el país que posee un yacimiento petrolífero (y de gas) extraordinario como Vaca Muerta. Seguramente la respuesta estriba en los muchos años de carencia de políticas públicas en materia energética.

Las empresas petroleras que operan en la Argentina en la ex­tracción de petróleo y gas recibie­ron subsidios del Estado Nacional por unos 23.980 millones de dóla­res entre 2008 y 2019, así se des­prende de un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públi­cas sobre Vaca Muerta, titulado “Ultra extractivismo depredador o recurso estratégico para una nueva política energética”, elaborado por Gustavo Lahoud y coordinado por el ex diputado Claudio Lozano.

El estudio describe que el esce­nario energético actual registra escasez de recursos hidrocarburíferos; niveles de reservas y extracción en declinación; una estructura oligopólica que profundi­za la desinversión y la vulnerabilidad.

Y plantea la necesidad de iniciar un camino de tran­sición hacia dos grandes objetivos estratégicos: la di­versificación creciente de la matriz energética con base en la integración de fuentes renovables, y la reinstala­ción de un camino de integración regional en materia energética. Para este objetivo se plantea el papel cen­tral que le cabe a YPF en el desarrollo de la planifica­ción del rumbo.

¿Será el camino que habrá de adoptar el gobierno que asume el 10 de diciembre venidero?