El stalinismo feminista

Resulta imposible no adherir a los postulados esgrimidos por la Consa­vig, pero son genéricos y no encuadran en todos los casos. En la elección de la Reina del Chama­mé no hay cosificación.

Los extremos nunca son enteramente buenos. Hay suficientes ejemplos que así lo certifican. En la batalla que -afortunadamente- se está li­brando en la Argentina para erradicar la violen­cia contra mujeres, en ocasiones se cae en acciones ex­tremistas que empañan la tarea y en lugar de contribuir al objetivo propuesto lo desvirtúan con una sobrecarga de rigurosidad que resulta antinatural, impostada. Es como si se pretendiera imponer una suerte de mani­queísmo en el trato de la figura femenina, según la cual cualquier conducta que contraríe el imaginario de los fundamentalistas supone una vulneración a la mujer. En ese marco, la fricción siem­pre se produce en los concursos de reinados, que tienen -hay que reconocerlo- ciertos parámetros cuestionables pues denigran la condición no solo femenina sino humana. Es verdad que la mayo­ría de los concursos apuntan a la belleza, vaciada de todo otro con­tenido, pero no todos los certáme­nes son iguales. No es lo mismo la elección de la mejor cola del ve­rano que la búsqueda de la Reina del Chamamé. Ciertamente hay un abismo.

Esta vez la polémica ha llegado a Corrientes. Sucede que argumentando el cumplimiento de la Ley Nacio­nal Nº 26.485 de “Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Muje­res en los Ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, la denominada Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones a la Violencia de Género (Consavig) pidió al Gobierno de Corrientes (puntualmente al Ministerio de Turismo) que no realice la elección de la Reina del Chamamé y que, en su lugar, proponga otro certamen en el que se destaquen valores como la solidaridad y los aportes a la cultura.

A través de una nota enviada a la ministra Inés Presman, que fue despachada el 29 de diciembre pasado, pero que tomó estado público ayer, la titu­lar de la Consavig, Perla Prigoshin, solicitó que en la edición de la Fiesta Nacional del Chamamé -que co­menzará el 20 de este mes- no se realice la elección de la soberana por considerar que atenta contra la mencionada ley. Fundamenta que en los concursos de belleza “el cuerpo de la mujer es exhibido como un objeto ante un jurado y el público” y que como criterio de selección se usa “un estereotipo de belle­za que está en función de los intereses de la indus­tria cosmética y de la moda”.

La especialista agrega además, que estos certámenes conllevan “una fuerte discrimina­ción hacia aquellas mujeres que no poseen edad, estatura, silueta, color de ojos, color de piel, que se consideren apropiados para ser bella”. Prigoshin propuso reempla­zar el evento “por otro en el que se destaquen valores como la solida­ridad, el compromiso con los dere­chos de las mujeres, el aporte a la tradición cultural y turística”.

Resulta imposible no adherir a los postulados esgrimidos por la Consavig, pero son genéricos y no se encuadran en todos los casos.

En Corrientes, para la elección de la Reina del Cha­mamé, no hay cosificación de la figura femenina. No se designa a la soberana por su belleza sino por otros valores que tienen que ver estrictamente con el cha­mamé: tiene que saber bailar, tiene que conocer de la música, de sus autores e intérpretes, de la historia. Debe superar, primero, un examen sobre cultura ge­neral de Corrientes, debe saber de turismo, gastrono­mía, leyendas. La Reina del Chamamé no desfila en bikini. Apenas si puede mostrar los tobillos en un giro de la danza.

Hace unos días se suspendió la elección de la Cola Reef que hace 30 años se hace en Mar del Plata y está bien, pero no es lo mismo que sucede en Corrientes. El stalinismo no es aplicable en todos los escenarios. s

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