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La oportunidad hace a la noticia

El ajuste del Pami se oficializó en la primera semana del año, con el almanaque recién estrenado y el presidente de vacaciones. Y la gente también.

El manual del poder aconseja tomar las medidas más urticantes al final del ejercicio, en el recambio del calendario, de tal modo que las festividades, con su carga de emotividad que renueva esperanzas, además del sosiego que ofrece el inminente descanso estival amortigüe cualquier impacto negativo. Pocos gobernantes se animan a contrariar este principio, salvo que una urgencia los sorprenda a mitad de temporada. No es casualidad entonces que el relajado presidente Mauricio Macri haya pasado la cimitarra en el Ministerio de Hacienda y también en Aerolíneas Argentinas, justo cuando la sidra estaba a punto de salir de la heladera. En las últimas horas también se conoció la decisión del Pami que implica un ajuste fenomenal en una de sus prestaciones centrales: la provisión de medicamentos gratuitos a sus afiliados.

La decisión que se tomó en la obra social estatal seguramente habrá de instalar una agria polémica. Tiene sus bemoles y es saludable atenderlos. Así como hay sobrados justificativos para limitar la entrega de medicamentos, enfocando el beneficio solamente en aquellos que más lo necesitan, no se puede perder de vista que una restricción de este tipo entraña riesgos. El Estado pocas veces ha demostrado ser equilibrado en la aplicación de medidas de austeridad con condiciones específicas. Por lo general se cae en los extremos: todo o nada. En este caso puede suceder que muchos afiliados que necesitan del auxilio de la obra social se queden sin el beneficio de los medicamentos gratuitos porque ahora la orden superior es cerrar los grifos. Como sea, la nueva política del Pami se oficializó en la primera semana del año, con el almanaque recién estrenado y el Presidente de vacaciones. Y la gente también. Seguramente la medida se venía madurando desde hace tiempo, pero no lo dijeron antes del pan dulce ni esperaron a que se reanude la actividad fuerte, lo hicieron como indica el manual. En la semana que acaba de pasar tomó estado público también una información (preocupante) referida a los ingresos de los trabajadores argentinos. Es la mejor radiografía del cuadro económico a un año de la gestión de Cambiemos. Concretamente el dato es que en promedio, el ingreso mensual de los 24 millones de personas que declararon percibir algún tipo de ingreso en el país es de $11.127, es decir casi al borde de la línea de pobreza; en el límite de lo que se necesita para asegurarse una canasta básica total. Este número no es el más urticante, sino uno desagregado que determina que la mitad de la población (que recibe algún salario) cobra menos de 8.000 pesos por mes. El analista económico de Clarín, Ismael Bermúdez, lo explicó de una manera más gráfica: el 50% de la población con ingresos de cualquier naturaleza, ya sea por salarios, jubilaciones, pensiones, honorarios, rentas, prestaciones sociales y hasta changas, percibió menos de 8.000 pesos por mes. Son datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) y corresponden al tercer trimestre de 2016. La oportunidad de la divulgación de la información supone solamente una coincidencia, caso contrario habrá que sospechar de cierto manejo intencionado en el flujo comunicacional del Indec que esperó a la semana de Reyes para dejar este regalito. Sin dudas el impacto de la noticia fue otro. Con las principales espadas del Gobierno de vacaciones, la oposición buscando sombrillas en las playas nacionales y vecinas, y con la gente escapándole al calor (y a los cortes de luz) la radiografía de los ingresos pasó a ser un elemento más del diagnóstico archiconocido: estamos mal ¿vamos bien?s