COLUMNA DEL EDITOR

Revolución o flexibilización

Vaca muerta podría ser punta de lanza para la producción, pero también para establecer un nuevo modelo laboral.

El acuerdo para destrabar las inversiones en Vaca Muerta, el megayacimiento no convencional ubicado en la provincia de Neuquén que podría cambiar el futuro energético de la Argentina, pretende ser utilizado por el Gobierno de Mauricio Macri como “caso testigo” para otras actividades, en una jugada audaz y riesgosa en un año electoral. En el convenio anunciado ayer fue decisiva la relación entablada entre Mauricio Macri y el jefe de los petroleros, Guillermo Pereyra, sellada con un simbólico abrazo en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno.

El Presidente considera a Pereyra un “ejemplo a seguir” por parte de otros sindicalistas para poner a la Argentina proa al nuevo mundo que viene, donde se deberán explotar los recursos al máximo y existirá una competencia feroz para acceder a mercados. A contramano de lo que piensan muchos dirigentes sindicales, como el combativo camionero Pablo Moyano, Macri cree posible convencer a más gremialistas sobre las bondades de “ceder un poco para que todos ganen”, y allí “competitividad” será la palabra clave. Pero habrá que ver si el modelo Vaca Muerta, con todas sus especificidades, es un ejemplo adecuado para convencer por ejemplo a trabajadores de los sectores denominados “sensibles”, como textiles, calzado y juguetes, de que hacen falta modificar convenios suscriptos para otras épocas, en las que el factor China no era tan gravitante. Por lo pronto, el sindicato textil ya mostró los dientes y enseguida salió a denunciar que quieren despedir a 500 obreros en el sector. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, se anota entre los más entusiastas en el Gobierno de que se puedan encarar cambios en sectores de mano de obra intensiva para empezar a solucionar los históricos problemas de productividad que tiene la Argentina. “Si quieren llevarnos a un modelo estilo China, que no cuenten con nosotros”, replican entre los gremios más duros, que se preparan para manifestar su rechazo. Pero hay sectores en los que trabajadores pueden empezar a convencerse de que para ganar la guerra de la subsistencia será necesario resignar algunas batallas. Es el caso de la electrónica de Tierra del Fuego y, tal vez, también lo sean finalmente textiles, calzados y juguetes. O al menos eso creen cerca de Triaca. Petroleros es un sindicato que lideró varias protestas en los últimos años, algunas de alto impacto, pero ahora sus líderes y los propios trabajadores parecen haberse convencido de la necesidad de algunos cambios, a partir de las potencialidades que ofrecen los hidrocarburos no convencionales. Esos “cambios” en los convenios laborales tienen todas las característica de una flexibilización, aunque los actores del momento lo desmienten. Habrá que ver qué dicen los trabajadores, que sentirán en su cuero esos cambios. Antes de anunciar el acuerdo, Macri le pidió a las empresas una prueba de amor. Las petroleras respondieron con la promesa de 5.000 millones de dólares de inversión este año y le dijeron que, lejos de despedir, habrá planes concretos para incorporar personal, aunque tal vez no en lo inmediato. El mercado recibió el acuerdo con los brazos abiertos, y los papeles de YPF se dispararon casi 30% en dos jornadas. Esas acciones no sólo suben por el acuerdo petrolero, sino también porque los expertos vaticinan un crudo rumbo a los 60 dólares hacia fin de año. Sin embargo, más allá de Vaca Muerta, el Gobierno ya trabaja en varios frentes en materia laboral. Dicen que hay un megadecreto, con múltiples caminos para hacer más sencillo que las empresas tomen personal, nuevo y también el que está en negro hace tiempo. Bienvenido sea. Parte del paquete es el proyecto anunciado por Triaca de pasantías, no está mal pero no es la solución. Invitan a una “revolución”, es de esperar que sea tal.s

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