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Juan Carlos PasmanPor: Juan Carlos Pasman

Lanus arrodilló a Napoleón

River lo quiso arrollar en el primer tiempo. El granate, estoico, aguantó la embestida del multicampeón, del orgulloso y prepotente River.

 Lanus hizo pie como pudo ante los millonarios que querían meter la primera mano para resolver la contienda ante los humildes del sur. Los de Almiron, gran entrenador, no se achicaron, no arrugaron, a lo River, Lanus sacó a relucir sus medallas, sus pergaminos, su garra, y también su fútbol. Y al final, si bien este es un deporte de hombres donde el coraje y las agallas juegan un papel determinante, en algún momento hay que jugar. En la esencia del fútbol, Lanus fue superior, a la paridad demostrada en personalidad, los granates triunfaron por ser mejores, por mayor frescura, toque y desborde, los goles resultaron una consecuencia natural de la mayor elaboración y volumen del conjunto campeón.
Mientras River dependió solamente de la inspiración de Nacho Fernandez, Lanus se floreó con Román Martinez, Marcone, Lautaro, Silva y el enorme Sand. Ganó el mejor, así de simple. Así como el título conseguido frente a San Lorenzo en el monumental fue una exhibición soberbia de fútbol, la de La Plata ante River fue la consagración definitiva de un equipo, la ratificación de una estirpe de campeón, el triunfo, y es justo que así sea, de un proyecto de fútbol institucional. El DT Almiron le pidió a gritos durante el verano por los medios refuerzos al club, el presidente le contestó que jueguen los pibes, que había que cuidar los mangos, enfrentar a River sin hipotecar las finanzas del club, al final ganaron todos: presidente, DT y jugadores. River, sin respuestas futbolisticas, fue desnudado por un eficiente Lanus. Hace rato, dos años por lo menos que River no juega buen fútbol, gana y se sostiene por su mentalidad ganadora, pero cada vez más seguido lo superan y lo derrotan. Tan grande fue la diferencia en el segundo tiempo, que el mismísimo Napoleón quedo arrodillado ante la superioridad del rival.