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Escrito por José Miguel Bonet

Los Pomberos están de luto, murió Marily Morales Segovia

(Desde Mburucuyá). Hace 63 años irrumpía en el arte de Corrientes una mujer nacida en el Yaguareté Corá, fruto de una familia de arraigada tradición co­rrentina. Al decir arte digo que Marily tran­sitó la escultura, la pintura, la escritura, la música, fue una cultora universal y local.

Hablar del currículum sería extenso y tedioso, voy a hablar de la persona, de la Pombera a la que cariñosamente llamába­mos.

Un escritor, un poeta, es cualquier cosa menos un profesional, a menos que le de­mos a la palabra profesión su antiguo valor etimológico, el de profesar, como se profesa una idea, una fe religiosa.

Lo otro es más o menos como pensar que alguien que estudió “escritor” reconoce a quien tiene, además de libros publicados, algo nuevo o interesante para decir, algo personal, un mundo propio, que sobresale y se reconoce de algún modo. Entre estos dos extremos están todas las gradaciones posibles. En Rusia, en un juicio contra el poeta Brodsky, el fiscal le preguntó: ¿A usted quién lo autorizó a decirse poeta?, Brodsky le contestó: ¿Y a usted quién lo au­torizó a llamarse hombre? En realidad, uno se siente poeta o se siente escritor, y eso, en efecto, lo decide uno mismo, pero siem­pre hay un contexto externo que lo hace escritor. Marily era cualquier cosa menos un profesional del arte, humanista declara­da, valoraba al ser humano y la condición humana, con generosidad, compasión y la preocupación por la valoración de los atri­butos y las relaciones humanas.

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Marily, trashumante, le gustaba inves­tigar, vivir y convivir, con otras culturas, pueblos, religiones, por eso no sabíamos nunca dónde estaba.

Fue una profeta y bien correntina, era una intermediaria como Pitia entre la hu­manidad y la divinidad. Tuvo varias expe­riencias personales con el Tupá, recibiendo de él la misión de comunicar sus revelacio­nes y contar cómo será la tierra sin mal ce­lestial, era intercesora del pueblo Guaraní ante Dios y a su vez es mensajero de su pa­labra.

Y una cosa, se fue la mejor especialis­ta en Pomberos, Marily supo darle a este personaje de la Mitología Guaraní, vida, lo hizo un ser que habitaba entre nosotros, a veces lo llamaba en guaraní, “Cuarahú-Yara”, y sobre todo resaltó sus virtudes, era enemigo de todo lo que atentaba contra la naturaleza, un ecologista sin saberlo, un duende del bosque que se encarga de pro­teger la fauna y flora de aquellos que matan más animales de los que van a comer o ta­lando árboles que no van a utilizar.

Marily, mucho te vamos a extrañar, el arte de Corrientes pierde a una gran traba­jadora, y eso me recuerda a Don Antonio Machado, despidiendo a su maestro Giner de los Ríos. Como se fue el maestro, la luz de esta mañana me dijo: Van tres días que mi hermano Francisco no trabaja. ¿Mu­rió?... Sólo sabemos que se nos fue por una senda clara, diciéndonos: Hacedme Un duelo de labores y esperanzas. Sed buenos y no más, sed lo que he sido entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan; lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campa­nas!

Hasta pronto Pombera y este fuerte sapucay Pipuuuuuuuuuuuuu.s