Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/114415
COLUMNA DEL EDITOR

El tecnicismo de la marcha atrás

La multiplicación de retrocesos a medidas oficia­les en el primer año de gestión del presidente Mauricio Macri invitan a reflexionar sobre la naturaleza de esa conducta y las implicancias que podrían tener más allá del resultado preliminar, directo, que supone el trastorno de tener que admitir un error y dar marcha atrás. Ayer, por ejemplo, fue dos por uno.

En medio de un creciente escándalo político, el jefe de Estado no solo retrocedió con la resolución que modifica el cálculo del aumento a los jubilados nacio­nales, también reculó con el acuerdo por la deuda de la empresa Correo Argentino, de su padre Franco Macri. Analizándolo fuera de contexto, la reconvención adquiere una sig­nificancia superlativa, es reflejo de integridad, de entereza, de una humildad pocas veces vista en la historia institucional del país. Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, con todos los episo­dios encolumnados en el contexto que les corresponde, la reiteración de la contramarcha oficial podría ser entendida como una jugada bien calculada para mostrar un rasgo de confiabilidad que (toda­vía) paga buenos dividendos en la opinión pública.

¿No será una maniobra maquiavélica para conferirle a Macri (el Presidente) la imagen del tipo común, capaz de admitir sus equivocaciones, volver atrás y buscar una solución que deje sin argumentos las quejas? Parece el dirigente ideal, lo que espera -desde hace años- la gen­te. En términos electorales la fórmula puede resultar un exitazo. Ya se verá. Por lo pronto, desde hace 13 meses, cuando se instaló en la Casa Rosada, el hombre ha ve­nido errando y corrigiendo. El promedio es asombroso y sigue...

El primer gafe se produjo con la designación de dos jueces de la Corte Suprema por decreto. Admitió la equi­vocación, dio marcha atrás y esperó. Tiempo después consiguió lo que buscaba. Así fue enhebrando supues­tos traspiés, que vistos con detenimientos no resultaron tales. Es más lo que ha ganado de lo que ha perdido.

“Mauricio tiene que cuidar la caja de cambios, con tanta marcha atrás la va a terminar rompiendo: apenas pone primera ya tiene que aplicar la reversa”. El co­mentario, jocoso, fue la reflexión jocosa de un lector a una de las tantas crónicas periodísticas sobre el nuevo retroceso oficial; un tema que ha comenzado a ser tra­tado por la gente con más indulgencia de la que se po­dría esperar. Las redes sociales -aunque no son el único termómetro- reflejan el guiño que termina recibiendo el Presidente tras admitir su error inicial.

“Con el kirchnerismo esto no pasaba”, ha opinado más de un observador. Y tiene razón, frente a la obstinación -que exudaba au­toritarismo- durante la era K, cual­quier manifestación de humildad que se lo contraponga es un bálsa­mo reparador. Macri, que además te tutea, usa palabras simples, ape­la a un tono coloquial, y nunca se muestra enojado, parece haber pa­tentado esa pócima balsámica.

Tanto error asumido, suena a tecnicismo político. ¿La fórmula se la habrá proporcionado su asesor estrella, el ecuatoriano Jaime Durán Barba o la descu­brió solito? Como sea, por el momento le va bien, aun­que al país, es decir a la gente, no tanto.

Ayer, el Presidente dio marcha atrás con dos asuntos espinosos: el arreglo de la deuda con la empresa de su padre (Franco Macri) y la resolución que cambió el cál­culo para aumentar los salarios de los jubilados y pen­sionados nacionales.

“Si me equivoco doy un paso atrás y me corrijo”, dijo Mauricio Macri en el marco de una conferencia de pren­sa en la que sonrió y se mostró distendido, intentó expli­car lo que están buscando y, especialmente, desapareció todo gesto de soberbia. Es un buen actor o un dirigente distinto. Menudo dilema. El problema es que se sigue equivocando. s