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COLUMNA DEL EDITOR

Otra vez subidos a la bicicleta

La receta del Banco Central para contener la inflación enfría la actividad económica porque no hay inversión productiva ya que los capitales se dedican a la especulación.

Aunque en la paritarias se ajustaron lo más que pudieron a la pauta oficial, los gremios, desde el inicio del año, avizoran una inflación superior al 25%. El paso de los meses sin reactivación económica hizo que el mercado, dominado por analistas y consultores, también pronosticara una inflación anual mayor al 20%; ahora no son pocos los funcionarios de la administración Cambiemos que hablan de ese piso más cercano a la realidad y a la percepción de la gente. Sin embargo, Federico Sturzenegger, titular del Banco Central de la República Argentina ratificó que la meta inflacionaria no se cambia, sigue en 17%.

Mientras tanto son cada vez menos lo que creen que se pueda alcanzar ese objetivo, el propio Sturzenegger, si pudiera, lo admitiría, pero la obstinación tiene una explicación: es imprescindible un punto de referencia para no disipar ni dar rienda suelta a la expectativa.

“Con una meta de 17% piden 21%, si ponemos 21% la llevarán a 25”, razonó el presidente del Banco Central con una lógica implacablemente argentina. Como sea, los hechos evidencian que queda poco margen y el gobierno de Mauricio Macri no podrá controlar la inflación. Ya sumó 9,7% en lo que va del año y para entrar en el corset de 17% necesitará de un 0,5% por mes de aquí a diciembre.

Pronostican que mayo terminará en un 2%, claramente no se llega a la meta. Aun así el BCRA, es decir Sturzenegger, no afloja con el objetivo y también con la receta: tasas de interés alta (seductoramente alta) para mantener el tipo de cambio planchado. Las tasas altas alcanzan a las Lebac (las Letras del Banco Central) y también, por ejemplo, a los plazos fijos, entre otros instrumentos financieros.

El punto es que este mecanismo enfría la actividad económica porque no hay inversión productiva ya que los capitales se dedican a la especulación. En el Central confían en la fórmula, reconocen que tiene costos (demora la reactivación), pero consideran que permitirá mantener a raya el dólar y, de manera indirecta, la inflación. Así, el sistema financiera, otra vez, se está haciendo un picnic y no es problema si no fuese porque esa fiesta nunca se derrama a la economía, por el contrario, la va esmerilando.

La bicicleta financiera, modelo al que nuevamente está entrando la Argentina, ha provocado resultados desastrosos. Ignacio de Mendiguren, diputado nacional del Frente Renovador y dirigente de la Unión Industrial, publicó un artículo al respecto en el que advierte que la obsesión del Banco Central dejó al gobierno de Macri sin política económica. En los pasajes sobresalientes dice: El Financial Times, como su nombre lo indica, se dedica a informar sobre las finanzas del mundo.

A principios de este mes su corresponsal en el país dijo que en Argentina estamos en temporada alta de hacer plata sin trabajar. ¿Cómo? Con la “bicicleta financiera”. Porque se escribe en inglés y es más sutil que el lenguaje de los arbolitos, el diario británico usa el término “carry trade” para referirse al pedaleo veloz pero sostenido que fomenta el Banco Central con su política de tasas de interés alta y tipo de cambio planchado. Pero el fondo es el mismo: se incentiva la valorización financiera (dinero que se reproduce solo de manera ficticia) en detrimento de la valorización productiva. Un Banco Central obsesionado por una meta en la que ya nadie cree deja a Cambiemos sin política económica.

¿Quién va a invertir dinero en producir en el país cuando puede ganar, como ocurrió en Argentina este año, 10% en dólares en tres meses, lo mismo que se gana en cinco años si uno invierte en un bono del Tesoro estadounidense? La aspiradora del “carry trade” succiona dinero de todos lados: créditos para el sector productivo, tarjetas de crédito, préstamos personales. Nada se salva de esta perinola financiera que siempre cae en el “toma todo”.s