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Dos kioscos de drogas con santuarios propios

La "narcorreligión": invocan al Señor la Muerte para proteger la criminalidad

"Los allanamientos que se realizaron en corrientes podrían encuadrarse en esta categoría", opinó el antropólogo José Humberto Miceli.

“Esa gente no hace narcomenudeo porque creen en el Señor la Muerte. Hacen narcomenudeo y, como devotos que son, se encomiendan a su protección y a su poder”. La conclusión pertenece al licenciado en Antropología José Humberto Miceli, quien fue consultado por NORTE de Corrientes sobre recientes allanamientos de la Policía de Corrientes a “kioscos de drogas”, donde también había altares a la santidad popular.

El especialista en etnografía del crimen opinó que “se deben criminalizar las conductas, no las creencias”, pero a su vez consideró éstas son muestras de un “fenómeno emergente” que excede lo vernáculo y puede encuadrarse en lo que se ha llamado “narcorreligión”. “La ‘narcorreligión’ se refiere a los casos de criminalidad que involucran venta de drogas, en los cuales se invoca a una divinidad, santo o santón para proteger el delito en sí mismo y el destino de sus ejecutores”, explicó Miceli a este matutino.

Empero aclaró: “Me resulta bastante insatisfactorio el término, pero, a falta de otro mejor para señalar un fenómeno emergente, lo uso aclarando siempre que ha sido la prensa la que lo acuñó”. Durante mayo pasado, la Dirección de Toxicomanía desbarató dos puntos de venta de estupefacientes en la ciudad de Corrientes, que ostentaban santuarios de dicha figura de culto en la entrada de sus viviendas. Hubo especulaciones sobre el porqué de la presencia de estas ermitas.

Para Miceli no tienen una específica función amenazadora: “No creo que la gente se sienta intimidada por la presencia de un altar al Señor la Muerte en su barrio; en nuestra región es un culto de amplia aceptación y difusión”. “Quienes más le temen -continuó- son sus devotos, sus creyentes, porque lo consideran un santo poderoso y vengativo”. Los aludidos procedimientos ocurrieron el 2 de mayo en el barrio Loma Linda y el 27 del mismo mes en el dominado “Barrio Piola”.

En esas requisas los agentes antinarcóticos arrestaron a siete personas de ambos sexos (cuatro hombres y tres mujeres) y confiscaron cinco kilos de marihuana y un kilo de cocaína. Al menos en el caso del más cercano de los operativos, los acusados ya habían sido aprehendidos con anterioridad por el mismo delito: infracción a la Ley Nacional de Estupefacientes 27.737. Los respectivos registros fotográficos muestran representaciones del ídolo de tamaño considerable, acompañado por otros íconos religiosos, como el Gauchito Gil o distintas manifestaciones de la Virgen María.

“Los allanamientos que se realizaron en la ciudad de Corrientes podrían encuadrarse en esta categoría provisoria”, aventuró el director del Gabinete de Investigación, distinguido por su contribución al esclarecimiento del crimen de Ramoncito en Mercedes en 2006. Y abundó: “No dispongo de más datos que lo publicado en la prensa, pero es recurrente que los tratos, pactos, ventas y otras actividades ilícitas se hagan bajo los auspicios de invocatoria de santones populares como el Señor la Muerte. Existe otro antecedente sobre el templo de este santón en Mariano I. Loza en 2016, que da cuenta que los tratos delictivos de una red interprovincial se celebraban en el altar mismo de la capilla (ver página 32). No es un fenómeno local sino latinoamericano”.

Miceli, en este punto, es taxativo: no se trata de una vinculación en la cual las creencias mágico-religiosas son el factor determinante de ciertas actividades delictivas o ilícitas, pero “la relación existe”. Estos últimos procedimientos policiales explicitan este aspecto, por lo demás no tan novedoso: el culto al Señor la Muerte está arraigado en la cultura popular correntina; es un protector (de justos o de delincuentes) “al que no se le puede fallar en lo prometido o se sufren las consecuencias”.

—¿Qué recomienda al periodismo para no caer en abordajes discriminatorios?

—Las recomendaciones que siempre hago desde que empecé a trabajar sobre la etnografía del crimen de culto: se deben criminalizar las conductas, no las creencias. Hace pocos días dí un seminario de Etnografía del Crimen de Culto para personal de Homicidios y de Criminalística de la Policía de Santiago del Estero, con quienes estoy trabajando en un caso, y abordé este tema con ellos. Una cosa es comprender y explicar el modo en que un fenómeno de fe tiene implicancias sobre determinados actos delictivos y otra muy diferente es presentarlo linealmente como un fenómeno de causa-efecto. En el caso hipotético de encuadrar lo sucedido en nuestra ciudad, esa gente no hace narcomenudeo porque creen en el Señor la Muerte. Hacen narcomenudeo y, como devotos que son, se encomiendan a su protección y a su poder. Pero la respuesta tampoco consiste en negar una relación que la realidad presenta como existente para aparentar ser políticamente correcto con respecto a la libertad de creencias. La relación existe. De qué manera se presenta, qué características tiene, qué lugar ocupan los cultos y las creencias en estos fenómenos delictivos, es materia de opinión de quienes tienen el conocimiento y la experiencia. De ellos debe abrevar el periodismo. s

Walsh y una crónica sobre la calavera de Jesucristo

“En la campaña correntina o el cinturón de villas miseria que rodea a Resistencia, en pueblos de Formosa o ciudades de Paraguay, el Señor de la Muerte o San la Muerte es amado, temido, premiado, castigado, invocado para bien o para mal.

Algunas de sus devociones no se diferencian de las más apacibles del culto cristiano; otras se aproximan al vudú, y de ellas no se habla o se habla con un temblor en la voz”, escribió el periodista Rodolfo Walsh en 1966 cuando recorrió parte de la provincia y visitó en la ya por entonces “vieja penitenciaría” (Unidad Penal Nº1) al preso y santero Cirilo Miranda.

“El primer San la Muerte que copió se lo trajeron de Paraguay, pero se lo piden de todas partes porque es muy milagroso y el que lo invoca ‘suele salir a flote de sus trámites de apertura’. Porque resulta -dice- que el Señor la Muerte es la imagen de la calavera de Nuestro Señor Jesucristo”. s