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HISTORIA DE VIDA EN MEDIO DEL DESASTRE

Doble trabajo: ayudar y preparar el viaje hasta Itatí

Marcela Aranda es una de las voluntarias que vivió en carne propia la estocada de la inundación en tierra sanluiseña. Participó en la asistencia a los 850 evacuados, en la supervisión y entrega de las donaciones, y ayudó en la base del Centro de Emergencias de San Luis del Palmar (COE), del cual es miembro su esposo, Marcelo Chávez.

En el seno de la parroquia San Luis Rey de Francia funciona la base operativa del COE de esa ciudad. Mitad tienda de campaña, mitad casa de oración, el espacio se llenó en los últimos meses de donaciones, compuestas por colchones, alimentos, bolsas, cajas de leche, ropa, en un recinto donde pululaban decenas de voluntarios, la mayoría hijos de San Luis del Palmar.

En medio de las imágenes religiosas, los bancos de la iglesia y las misas realizadas de emergencia, centenares de inundados desfilaron por el Centro de Operaciones en busca de ayuda desde el fatídico 24 de abril pasado, cuando la gran inundación comenzó. En medio de la desgracia y la catástrofe natural que azotó a San Luis del Palmar, una de las protagonistas de esta lucha llegó al lado del sacerdote Epifanio Barrios, donde vive desde hace casi tres meses. Pero la cercanía del 16 de Julio complicó la tarea, y debieron entretejer los preparativos con la ayuda a los necesitados. En el resto del tiempo -si es que restaba- apenas pudieron descansar.

NORTE de Corrientes la visitó días antes de la peregrinación, y ella contó: “En la capilla teníamos muestras médicas, colchones, pañales, alimentos, un plato de comida. Venían voluntarios de todos lados ofreciendo tortas fritas, chocolate, facturas, bizcochos y golosinas. Hoy todavía la gente viene y retira medicamentos o pañales, viene a la parroquia en busca de ayuda”.

En este momento su función es cocinar y limpiar en la casa del sacerdote Epifanio Barrios, atendiendo a la gente que trae las donaciones y entregándolas a los que vienen a buscarlas. “Los del pueblo siguen haciendo largas filas para retirar la ayuda. En el medio hay muchas cosas que tuvimos que preparar por la peregrinación, no solamente preparar los alimentos, como el aceite, el arroz, que son los víveres que llevamos. El único día que no cocinamos fue el 13 al mediodía, pero a la noche sí lo hicimos en el Parador. También tuvimos que recibir a los peregrinos de Rincón de Mesa y de Lomas de González antes de salir hacia Itatí. Fue una tarea bastante grande y mucho el trabajo que hubo que hacer. También tuvimos que dejar listo el templo porque a la vuelta de la peregrinación tenemos la misa de las confirmaciones que se fueron suspendiendo durante el tiempo de la emergencia y esperamos realizarlas al volver con la presencia del arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik. Los voluntarios que están trabajando en la asistencia también se prepararon para esta peregrinación. Son dos meses y medio de lucha por la inundación, y la preparación para este viaje a Itatí redujo el tiempo que se puede emplear en la ayuda. Por ahí la gente no entiende todo el cansancio que arrastramos”.

“Se enojan inclusive con nosotros porque no los podemos atender en tiempo y forma. Todavía sigue viniendo mucha gente a la parroquia a buscar comida y otras donaciones, y no comprenden que también tenemos muchos otros puntos que cubrir. Pero también hay gente que lo toma de manera amable. A veces estamos con nuestros hijos enfermos y tenemos que dejarlos al cuidado de alguien y venir a atender. Hay personas que entienden y vuelven en otro momento pero a veces tenemos que decirles que de este lado, los voluntarios también tenemos una vida. Por ahí también se enojan con el padre Epifanio, le reclaman la falta de asistencia. Entonces él les responde: ‘Miren que yo también me canso’”, cuenta Marcela, y dibuja una sonrisa con muestras del cansancio.

A raíz de la inundación hubo misas suspendidas y una gran cantidad de viajes al campo. “Es mucho el trabajo que Barrios lleva adelante y mucha la presión que resistió; muchas emociones encontradas por nervios, frío, calor, lluvia, dolor por las cosas que no podían solucionarse, impotencia, bronca, llantos de alegría por las cosas que salieron bien... Todo eso se fue sumando y cuando bajó la adrenalina, empezaron a salir los dolores. Antes de la peregrinación, el padre quedó prácticamente afónico y con dolor de garganta, pero siguió trabajando. Igualmente estuvo en Itatí con los preparativos el lunes pasado, revisando las condiciones del paradero, las conexiones para la luz y el transporte, entre otras cosas”, puntualizó.s