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EPIFANIO BARRIOS: EL SACERDOTE QUE SALIÓ A SALVAR

“Era una catástrofe y no podía quedarme con los brazos cruzados”

El sacerdote Epifanio Barrios fue uno de los pilares del rescate y la asistencia de los miles de habitan­tes inundados en San Luis del Palmar durante la reciente gran crecida del río Paraná y el Riachuelo. Con medio cuerpo en el agua, avanzaba hacia las casas que quedaron prácticamente sumergidas para llevar ayuda. Prefiere mirar de frente, detrás de sus grandes ante­ojos. Es un hombre pequeño de estatura, de palabras pausa­das, gesto templado y humilde en gran manera. Uno de esos pequeños grandes hombres.

En medio del esfuerzo, también tuvo tiempo para llegar hasta la Gobernación correntina para urgir al gobernador Ricardo Colombi acompañamiento y comida para su pueblo. Más aún, dejó de lado el cansancio y se puso al frente de los preparativos de la 117ª peregrinación de San Luis del Palmar a Itatí, que salió el jueves pasado para festejar hoy a los pies de María, los 117 años de la Coronación Pontificia.

NORTE de Corrientes llegó hasta su casa parroquial, cuya advocación es San Luis Rey de Francia, y conversó con este hombre de Dios. El escenario de alrededor eran cajas de ali­mentos, colchones, ropa y calzados cuidadosamente selec­cionados para continuar entregándolos a los más necesita­dos. En el lugar funciona la base del Centro de Operaciones de Emergencia de San Luis del Palmar (COE), al costado de los altares y los bancos que se usan en las misas.

Respecto de la peregrinación que año a año protagoniza su pueblo:

–¿De dónde viene usted? ¿Cuál es su lugar de origen?

–Nací un 14 de junio a las 12 en la sexta sección del Oratorio, en San Luis del Palmar. Noveno de diez hermanos y así de chiquito surgió la vocación que creo que Dios me está mos­trando con esa base de acompañar al prójimo. Siempre me han acompañado mucho los prójimos. Ellos son las personas que están en este mundo y las que ya partieron, con una mira­da no solamente humana sino sobrenatural. Mi gran amigo y hermano mayor siempre ha sido el santo patrono, el hermano que la Providencia me va dando. En una época fue Santa Ana, en otra fue la misma Virgen, hermanos míos que me dieron fuerza para trabajar y para estar en las distintas comunidades donde quería Dios que yo anuncie la Palabra, que es lo que da sentido a todo, a la caridad, a la entrega, y yo procuro seguir ese ejemplo.

10 FOTO 1 (2).jpg“Les decimos a los que van a Itatí que traten de disfrutar la peregrinación. No va­yas a peregrinar para emborracharte. Andá y disfrutá el camino y disfrutá también el alcohol, porque es rico tomar un buen vaso de vino, un licorcito si hace frío, pero nada más que eso. Si somos capaces de beber así, creo que no va a haber proble­mas. Tenemos que aprender a tomar con calma y con tranqui­lidad”.

–¿Y el inicio de la vida sacerdotal?

–Fue en 1988. Hace 28 años que soy sacerdote, hablando del ministerio en sí. Pero antes estaba la vocación, el luchar, el procurar. Al estar en el seminario te van probando y parece que te van a echar ya, pero Dios va revirtiendo la situación (risas). Pero se revierte la situación. A mí me costó mucho ser sacerdote.

–¿Por qué dice que le costó?

–Bueno, porque yo no sabía estudiar y había muchas ma­terias que estudiar y muchos conceptos que captar, y parecía que era imposible para mí. Sin embargo Dios lo permitió y acá estoy. Hace ocho años que trabajo en San Luis. Nunca creí que iba a pasar tanto tiempo en este lugar, ni siquiera pensaba que iba a venir a San Luis del Palmar, y ya tengo casi una década aquí. Nunca creí tampoco que iba a venir a mi pueblo origina­rio. Hubiera pensado en muchos destinos menos éste. Pero un día estaba Santa Ana y el obispo Andrés Stanovnik me dijo en chiste que podía venir para acá, y luego del chiste se conversó más seriamente en el Obispado y se definió este destino para mí. La figura del obispo es importante independientemente de quién sea obispo. Lo que interesa es que Dios permita en la historia que esté en esta circunstancia. Así, trato de leer cómo Dios quiere hacer Su Voluntad a través de las personas. Aun­que eso no es fácil porque la persona tiene sus defectos, sus límites, sus cosas y queremos hacer nuestra voluntad.

–¿Lo sorprendió la designación para esta diócesis?

–Yo no vine contento a esta comunidad. Me daba mucho temor pensar que no iba a poder estar en esta comunidad. Muchas veces tuve miedo. Después me ponía en oración y eso me llevó a ir enfrentando las diversas dificultades.

–¿Qué le daba miedo?

–Me parecía gente muy preparada, a la cual había que ex­plicar mucho. Una comunidad muy grande, muy formada. También le tengo miedo a la falsa humildad. Soy consciente de que el pecado es del espíritu y va contra Dios. Entre la hu­mildad y el orgullo hay un solo paso, porque van juntos de la mano. El gran miedo es creerte beato. Recuerdo una frase en latín que nos enseñaban en el seminario y que decía: “si te hu­bieras callado, habrías sido sabio”. El que no viene para servir, no sirve para vivir. Pero hay que mirar en la vida de Dios. Sin Él no habría nada y no estaríamos acá.

–Su pueblo lleva 117 años caminando, siendo parte de la peregrinación.

–Sí, lo hace desde 1900. Mucho tiempo. Hay que mirar los diferentes volantes y panfletos de cada peregrinación para observar los distintos momentos que tuvo y lo que significa esta manifestación de fe del pueblo sanluiseño.

–¿Por qué cree que el pueblo se manifestó de esta manera y empezó a caminar hacia los pies de María?

–Me da la impresión de que la devoción entre San Luisito y la Virgen de Itatí es como las dos caras de una misma mone­da. Puesto que cuando San Luisito sale, lo hace junto con la Virgen para celebrar el día del patrono cada 25 de agosto, y se mezcla mucho la devoción por su santo patrono con el amor a la Virgen como mujer. Para nosotros los creyentes católicos, la devoción a la Virgen María es como el modelo de madre, señora, esposa, sierva. Es el modelo de la vivencia evangélica. Esta mujer tiene la capacidad de entregarse por completo a Dios. Porque María no es una diosa. Siempre le digo a la gente que Dios es uno y María simplemente es un reflejo del amor de Dios. Así lo dice ella: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Es decir, en María nosotros tenemos que aprender a encontrar cómo Dios recrea toda su grandeza y toda su mara­villa por el gran amor y el gran respeto que Él tiene a la mu­jer en la historia de la salvación. Es importante que todas las mujeres se den cuenta de ello. A veces prevalece una actitud machista que tenemos desde las religiones más grandes sobre todo, pero María está demostrando el don de lo que significa ser mujer. Ser mujer es una maravilla.

–Hablemos de los grandes problemas que enturbian la peregrinación, como el consumo masivo de bebidas alcohó­licas, la cantidad de basura que se deja en el camino, y el peligro vial.

–Decimos que la negación violenta es peligrosa. Entonces, decirles no beban porque no tienen que beber, puede ser muy contraproducente. Por eso hemos publicado en el panfleto: “Bebe, pero con moderación y responsabilidad”. Le decimos a los que van, que traten de disfrutar la peregrinación. No vayas a peregrinar para emborracharte. Andá y disfrutá el camino y disfrutá también el alcohol, porque es rico tomar un buen vaso de vino, un licorcito si hace frío, pero nada más que eso. Si somos capaces de beber así, creo que no va a ha­ber problemas. Tenemos que aprender a tomar con calma y 

con tranquilidad. También, este año seguimos con la cuestión de la basura y estamos repartiendo volantes para que sea una peregrinación en donde no haya que lamentar accidentes, ni desatinos, que es lo peligroso. No tenemos que dejar atado en cualquier lado y de cualquier manera nuestro caballito, por­que se puede soltar y puede ir contra una carpa. Tampoco de­jar fuego encendido en el terreno. Tampoco dejemos la basura en el camino. Somos muchos y tenemos que cuidarnos.

–¿Cómo ve el ánimo de su gente para ir hasta Itatí, luego de este gran azote de la naturaleza?

–Este año era de esperar más participación que en 2016, que fueron doce mil jinetes. No sé qué resultado tendremos este año luego del recuento final, pero considerábamos que por la inundación esta cifra se iba a superar, porque en tiem­pos de prueba es cuando uno se adhiere más fuertemente a la fe. Creo que la inundación tiene incidencia y que hay gente que va a Itatí a agradecer, a suplicar, o a estar justamente por el motivo de la inundación.

–También se escucharon voces que preguntaban: ¿Por qué Dios permitió este sufrimiento? En su vida ministerial habrá escuchado reiteradamente este reclamo.

–Bueno, sí. Pero para mí está muy claro. En la Encíclica del Papa incluso se clarifica mucho esto. Pero, a lo largo de la his­toria hay un montón de escritos papales donde se viene ad­virtiendo esto permanentemente. Cuando se hablaba de que la revolución industrial iba a causar un caos en el planeta, que es lo que se está viendo ahora. En el presente hablamos de represas, contaminación industrial, el efecto del combusti­ble de los vehículos, son tantas fuentes de contaminación. Hay que acordarse que Dios cuando piensa en el hombre lo considera el rey de la Creación, y yo creo que el hombre es un rey muy mal llevado. No gobierna de manera correcta y usa y abusa de la naturaleza. Se violentó demasiado a la naturaleza, y es la consecuencia que nosotros hoy padecemos. El hombre es el responsable de lo que sucedió. Cuando el hombre no está en la presencia de Dios no tiene respeto. Cualquier religión va a llevar necesariamente al respeto de uno por el otro y al respeto de la naturaleza. La hemos descuidado demasiado. No nos damos cuenta que puede ser nuestra aliada o la que nos hace la guerra. Hay que fijarse en que nadie puede contra la inundación. Durante el inicio del dragado del Riachuelo, los ingenieros decían que hacían este trabajo en el cauce hí­drico, pero que no sabían si iban a haber o no inundaciones. Además, hay un montón de obras mal hechas, por ejemplo, el último puente que reventó. Para mí se hicieron la rutas y se olvidaron de hacer los puentes; y esto no lo digo yo, sino los técnicos. No seamos más malos, porque tarde o temprano, el hacer mal las cosas dentro de la sociedad se nos vuelve en contra. Entonces tenemos las consecuencias del pecado o la transgresión de la ley o de la naturaleza. En la Biblia el pecado significa transgredir la ley de Dios, entonces en las cuestiones naturales, es transgredir las leyes de la naturaleza, que tam­bién son de Dios.

–¿Por qué la advocación de estas tierras a San Luis Rey de Francia?

–Juan José Arce y Añasco era franciscano y fue el primer sacerdote de esta parroquia. Venía del convento de Nuestra Señora de la Merced y le tenía mucha devoción a San Luisito. Estamos hablando del siglo 18. Hoy, sus restos están guarda­dos en la iglesia homónima correntina. Al él le pareció bien esta advocación y creo que también es parte de la Providen­cia. Tenemos una iglesia gemela que ya se ha terminado de construir, mucho más bonita que ésta, en San Luis puntano (provincia de San Luis) y el santo patrono que está en el centro es igual al nuestro. Es San Luis Rey de Francia, representado como príncipe. Juan José Arce vino para realizar la misión franciscana en toda esa zona en donde yo nací, que es El Ora­torio, en La Candelaria, y ahí está todavía la iglesia original de la misión franciscana. Y San Luisito viene con ese primer sa­cerdote porque era devoto de San Luis Rey de Francia, quien a su vez perteneció a la orden Tercera Franciscana.

–El rol de la Iglesia en medio de la reciente emergencia hu­mana, ¿trascendió lo espiritual?

–De un día para el otro me encontré con el problema y me puse en oración. Después empecé a convocar a la gente porque para mí esto era un peligro que ya se estaba pronos­ticando durante mucho tiempo. Justamente creamos el COE para este tipo de acontecimientos. Siempre se dijo que una cosa así podía suceder, pero no sabíamos hasta dónde iba a llegar. Pero nosotros no nos podíamos quedar con los brazos cruzados. Entonces, con los adolescentes y los adultos nos pusimos a hacer. También debo reconocer que el trabajar con adolescentes es un motor muy interesante. Lo que pasa es que, hablando mal y pronto y pónganlo entre comillas, “el adolescente es hincha pelota (risas). Pero el adolescente mo­toriza la vida. Para nosotros los adultos, el adolescente es el que te hace mover, el que te lleva hacer un montón de cosas, y nosotros tenemos un grupo de chicos adolescentes muy grande. Entre los Scouts hay más de 100 chicos voluntarios y otro tanto entre los Emaus. No es fácil trabajar con el ado­lescente porque se pone de novio, critica, se enoja, se ponen sobrenombres entre ellos y parece ser una escuela al final. Ahora, ellos ayudaron mucho con el reparto de volantes y afi­ches y comunicación de la peregrinación. Eso fue obra de los jóvenes. Una iglesia también tiene que tener niños, aunque el niño es re-molesto. A mí me es difícil trabajar con niños, pero eso es lo que te da vida. Eso es lo que hace que los adultos nos peleemos, nos queramos, nos comuniquemos. Por ahí yo me enojo porque me hacen todo un bochinche dentro de la misa, pero me doy cuenta de que si no hay un niño que te tironea el mantel, que te tira abajo una imagen, entonces no es vida.

–Eso ya es grave.

–No, no es grave, porque así es la vida. Porque si vos no permitís que suceda esto, nunca los chicos van a venir a la iglesia. Y los adultos tenemos que tratar de entender eso, que yo le tengo que retar al papá del papá y él me tiene que retar a mí; y después tenemos que tratar de que el chico aprenda a quedarse quieto. La vida es así.

Luego de despedirse, el pequeño gran hombre de Dios vol­vió a sus quehaceres. Caía la tarde en la quietud cancina de San Luis del Palmar. Pero aún lo esperaban una misa, presidir la despedida cristiana en un velatorio y la preparación de los últimos detalles para esta peregrinación. De esta manera su figura se perdía a lo lejos. s