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COLUMNA DEL EDITOR

El nuevo rol de la CGT

Sobre el conflicto en Pepsico, el sindicato de alimentación que conduce Rodolfo Daer aceptó la doble indemnización que le pagó la empresa a la mayoría de los despedidos, conforme a las normas legales.

La CGT evitó la confrontación con el Gobierno a pesar de las fuertes críticas de sus dirigentes por el desalojo de la planta de Pepsico en Vicente López.

Así, decidió convocar a una alejada movilización en el tiempo, el 22 de agosto, cuyas características se determinarán recién en un plenario de dirigentes el 28 de julio. Continúan de este modo las pujas internas dentro del consejo directivo sindical, entre los que piden una mayor energía frente a las decisiones del Ejecutivo y los gremios moderados, que piden el sostenimiento de la alianza que tienen con el oficialismo por la “equitativa distribución” de las obras sociales que les concedió por decreto el presidente Mauricio Macri. La postura de todos los sectores horas antes de producirse el desalojo de Pepsico, aunque en público digan otra cosa, hubiese sido la difusión de un documento contra la política social y económica del Gobierno, el cuestionamiento a los despidos y las intervenciones a los sindicatos. La decisión de la CGT de movilizarse el 22 de agosto responde a la decisión de tomar distancia de cualquier supuesta presión política antes de las Paso del día 13 de ese mes, y eludir entonces cualquier medida de fuerza que pudiera vincularse a favor de los intereses de los candidatos peronistas que allí se presentan. Además de evaluar los pasos a seguir, celebrarán de paso el primer aniversario del triunvirato que conduce a la central en tiempos de Cambiemos. Lo dispuesto por la dirigencia sindical no evitó que uno de los sectores que integran la CGT, pero que mantiene un espíritu más combativo, la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que conduce el bancario Sergio Palazzo, ratificara a Télam lo que suponen será una multitudinaria concentración por el Trabajo y la Justicia Social de los gremios que la integran en la iglesia de San Cayetano al cumplirse el 7 de agosto el Día del Patrono de los trabajadores. El dirigente gráfico Héctor Amichetti aseguró a Télam que igual acompañarán luego a la CGT en la marcha del 22, pero que le exigirán la convocatoria a un Comité Central Confederal para tomar un plan de acción continuado contra la política económica. También los movimientos piqueteros aliados a la CGT dieron un paso más y se apartaron de las especulaciones sindicales. La CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), de Emilio Pérsico; Barrios de Pie y la Corriente Clasista Combativa, también confluirán en el Santuario de Liniers y después se movilizarán hasta la Plaza de Mayo bajo el lema de Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo. Sobre el conflicto en Pepsico, el sindicato de Alimentación que conduce Rodolfo Daer aceptó la doble indemnización que le pagó la empresa a la mayoría de los despedidos, conforme a las normas legales. Fue un secreto a voces la crítica de la dirigencia sindical tradicional al procedimiento de la comisión interna de la fábrica, formada por delegados de izquierda que llevaron, según dijeron fuentes de la CGT, a un conflicto sin salida para 50 trabajadores que rechazaron la propuesta. A pesar del disgusto, a la central no le quedó más remedio que solidarizarse frente al desalojo de la planta. Así las cosas, resultó sorpresivo que la CGT temiera involucrarse en medio de la campaña electoral. Menos de un mes atrás sus propios secretarios generales (Juan Carlos Schmid-Héctor Daer-Carlos Acuña) pretendían integrar distintas listas legislativas del peronismo, pero quedaron afuera. No fue un hecho político menor. La CGT no pudo jugar el rol trascendente en la unidad peronista que anhelaban y que sus líderes pregonaron desde principios de año. Ahora cambiaron de opinión. s