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El pasado se vuelve presente

Un decreto habilita a desguazar los trenes, pero dicen que es sólo un formalismo administrativo, ¿cuál es el sentido si no hay intención de cerrar ningún ramal?

Apenas 48 horas después de un acto electoral en el que no le fue tan bien como pretende hacer aparecer, la Casa Rosada avanzó con un medida que abre camino a un ajuste, peligro pregonado por la oposición en la reciente campaña para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso), que dieron como resultado un discreto plafón para la gestión de Cambiemos, puntualmente para su modelo económico. Ayer se conoció el contenido del decreto Nº 625/2017, mediante el cual el presidente Mauricio Macri delega en el ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias. Es grave, constituye una señal de alerta del achicamiento que prepara el Gobierno central.

Quizás parezca una conclusión apresurada, tremendista, pero la disposición guarda semejanza con el guadañazo que aplicó en los años ‘90 Carlos Saúl Menem, cuando ordenó: “Ramal (ferroviario) que para, ramal que cierra”, no parece casualidad. Es el pasado que se vuelve presente. Ya sucedió en la Argentina, es imposible no prestar atención. El decreto, que se publicó ayer en el Boletín Oficial, establece que le corresponde al Poder Ejecutivo nacional la aprobación de los asuntos relativos a la refundición, división o redistribución de las líneas ferroviarias y a la clausura definitiva de líneas, ramales, desvíos o estaciones ferroviarias. Alude a que mediante la ley Nº 27.132 se dispuso que el Poder Ejecutivo deberá adoptar las medidas necesarias a los fines de reasumir la plena administración de la infraestructura ferroviaria en todo el territorio nacional, por ello resuelve delegar en el ministro de Transporte la facultad de clausurar ramales ferroviarios en forma definitiva y proceder al levantamiento de las vías y demás instalaciones ferroviarias. Y que los rieles, durmientes, aparatos de vías y el resto de los bienes muebles que compongan la infraestructura ferroviaria, que se encuentra ubicada en el sector que se resuelva remover, quedarán en poder de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad del Estado. Luego de que se ventilara el decreto, desde el Ministerio de Transporte afirmaron que “no está previsto cerrar ningún ramal”, y señalaron que la normativa es una mera “cuestión administrativa para eliminar pasos burocráticos” en la administración del sistema ferroviario. La aclaración sembró más dudas, ¿cuál es el sentido de eliminar pasos burocráticos si no hay intención de cerrar ningún ramal ferroviario? El manual de procedimientos, en cualquier esfera, sea oficial o privada, indica que se quitan la trabas para despejar el camino, justamente en caso de que sea necesario tomar ese camino. La señal es tan clara que no hace falta mucho análisis. No obstante, le tocó al secretario de Planificación del Ministerio de Transporte, Germán Bussi, dar un explicación: es un “tramite administrativo” debido a que la Ley vigente en la materia “establece que cada vez que uno tenía que desafectar alguna vía en cualquier lugar del país donde éstas ya no se usaban, había que hacer todo un procedimiento administrativo complejo y engorroso hasta elevarlo a nivel de decreto presidencial”. En la tarea de justificar el decreto, el Secretario de Transporte sostuvo que las críticas formuladas desde la oposición buscan “dar una idea de que vamos en dirección de abandonar el ferrocarril cuando, por el contrario, claramente estamos yendo a una dirección de recuperar el tren”. Ciertamente hay promesas de recuperación, todavía no se concretaron. Por eso es extraño que tomen una medida administrativa para un paso que no piensan dar. Es como limpiar un arma que no se piensa usar.s