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La verdad de las urnas

Algunos analistas hablan del “espaldarazo” que recibió la Casa Rosada en las Primarias. Es extraño, los números -a priori- muestran otra cosa.

A una semana de las urnas, el resultado real de la votación en el distrito más grande del país, la provincia de Buenos Aires, todavía está oculto y se ha impuesto por la fuerza un resultado presunto que ha contaminado el discurso mediático y por tanto ha direccionado la opinión ciudadana sobre el veredicto que dio el electorado. El gobierno de Cambiemos, con el presidente Mauricio Macri a la cabeza, adelantó un festejo por el -supuesto- triunfo el mismo domingo de las elecciones mientras todavía se cargaban los votos, sin embargo con el correr de las horas, ya en la madrugada del lunes se descubrió que el éxito no era tal, peor todavía, podía darse vuelta el resultado; así y todo los medios hicieron que el mensaje inicial del oficialismo sobreviviera con el transcurso de los días aun sin bases sólidas que lo sostengan. Es una demostración de la fortaleza monopólica. Se impuso un mensaje, hasta hoy erróneo: ganó Macri en todo el país y en la provincia de Buenos Aires hubo un empate técnico.

Cualquier parecido con una estafa discursiva/política no parece pura casualidad. Los hechos, a estas alturas, evidencian que la alianza Cambiemos (es decir Macri) sacó más votos que las otras alianzas en 10 distritos, incluido dos grandes, Capital Federal y Córdoba. Como contrapartida no anduvo bien, es decir terminó segundo o tercero en la suma de votos, en otros trece distritos, incluido Santa Fe, que es uno de los más populosos del país. En la provincia de Buenos Aires el escrutinio provisorio, que no tiene fuerza legal sino informativa, llegó al 95,68% de las mesas. Quedaron poco más de 1.500 mesas sin computar, que representan entre 400 y 500 mil sufragios de electores bonaerenses. Lo llamativo es que el escrutinio se frenó pasadas las 3 de la mañana cuando la remontada de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner amagaba con dar vuelta la jugada de Cambiemos como si fuera una media usada. Para ese entonces, cuando el Centro de Cómputos comenzó a trasparentar la realidad de los números habían pasado cinco horas del festejo macrista, el diario del lunes ya estaba impreso con esa foto. Y así quedó el título. Hasta ayer algunos analistas siguieron hablando del “espaldarazo” que recibió la Casa Rosada en las Primarias. Es extraño, los números -a priori- hablan de una muy buena elección de Cambiemos, pero no dan señales de una victoria holgada, ni siquiera cómoda. Tropezó en trece distritos del país y no pudo imponerse en la provincia de Buenos Aires (con un padrón de 12 millones de electores), el resultado obliga a ser cauteloso con las apreciaciones. Apenas un tercio del electorado argentino manifestó su simpatía por la gestión macrista, los otros dos tercios prefirieron opciones distintas, alejadas de lo que representa Cambiemos. ¿Cuál es el espaldarazo? Resulta inquietante cuando desde los medios buscan acomodar en la agenda determinados conceptos que no se ajustan plenamente a la realidad. Por ejemplo, no hay preocupación en buena parte de la prensa por lo que sucedió en el escrutinio provisorio de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) del domingo anterior. Claramente hubo demoras, que luego no pudieron ser explicadas, en la carga de datos, y eso fue aprovechado por el oficialismo para instalar un mensaje de triunfo que no existió. En lugar de revisar esa situación, muchos periodistas quedaron encandilados por una actuación electoral ficticia, surgida de una manipulación informativa. La prensa debería estar alerta a este tipo de hechos para evitar que se vuelvan a repetir. Especialmente en Corrientes, donde queda una parada electoral trascendente antes de las legislativas nacionales. El 8 de octubre aquí se vota a gobernador y no se puede permitir que los más “rápidos” hurten la verdad de las urnas.s