Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/123333

El riesgo de alimentar la violencia

En el caso Maldonado la Casa Rosada se equivocó en la lectura y falló en el procedimiento, alimentó por lo bajo una puja política en lugar de asumir su rol institucional. Cambiemos hizo lo que el kirchnerismo hizo durante muchos años: fue soberbio.

A menudo las autoridades se empeñan en no atender las señales de alarma que la realidad pone en su camino, desoyen los mensajes de reclamo bien intencionados de la sociedad, miran hacia otro lado o simplemente aguardan que los acontecimientos evolucionen de modo favorable en una pertinaz dilación que se parece bastante a la indolencia. La mayoría de las veces no resulta como lo esperan, suele ser tarde cuando deciden ocuparse. Para entonces los hechos han alcanzado una gravosa contundencia que resulta imposible de subsanar sin el consecuente costo que supone llegar con demoras a donde se podía haber estado en tiempo y forma. Le sucede al Gobierno nacional con el caso de Santiago Maldonado y, en cierto modo, también le pasa lo mismo al Gobierno correntino con la caída del puente en el arroyo Guazú cuya catástrofe se prolonga en reiterado sufrimiento humano. No son hechos idénticos, pero sí parangonables porque la distracción de la gestión -aquí y allá- es una mala conducta que acarrea perjuicios que bien pudieron haber sido evitados si se actuaba oportunamente. El valor de la iniciativa es superlativa en el ejercicio de la función pública. Y se sabe, la función pública es, en esencia, servicio. Al menos así lo define la teoría.

¿Qué valor tiene el servicio que llega fuera de término? Ninguno. La iniciativa define la calidad de la acción de gobernar. Ahora el presidente Mauricio Macri lo está sufriendo, aunque no lo reconozca públicamente, con el espinoso caso Maldonado, que se ha vuelto inmanejable y por lo tanto es un dolor de cabeza mayúsculo. La Casa Rosada se equivocó en la lectura y falló en el procedimiento, alimentó por lo bajo una puja política en lugar de asumir su rol institucional. Hizo lo que el kirchnerismo hizo durante muchos años: fue soberbio. Indiferente primero, luego se embarcó a edificar -mediante los medios amigos- un relato de prejuzgamiento que buscó convertir a la víctima en victimario; manipuló información sensible, y ahora sin más remedio se ha entregado a la tarea de cumplir el papel que le tocaba desde el principio de esta historia. “Estamos preocupados (por la suerte de Maldonado)”, dijo Macri sorprendido por una pregunta fuera de libreto de un periodista televisivo que lo tomó con las defensas bajas el lunes a la noche. “Estamos colaborando con la Justicia en lo que podemos”, reafirmó ayer en una insistencia que evidencia un giro discursivo, pautado quizás por su gurú mediático. Maldonado desapareció el 1 de agosto en medio de un operativo de represión de la Gendarmería Nacional en el Sur, pasaron 35 días para que el Presidente de la Nación ofrezca su primera señal de preocupación. Tarde, muy tarde, sin siquiera con un gesto de solidaridad con la familia. El mensaje presidencial llegó después de que el Juzgado a cargo de la investigación caratulara la causa “desaparición forzada”. La Casa Rosada esperaba la confirmación de un ADN y le salió mal, mientras tanto durante todo el fin de semana último las redes sociales -donde el macrismo se maneja como pez en el agua- hirvieron con operaciones sobre el presunto hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado que habría sido apuñalado por el puestero de una estancia de Benetton. Hasta viralizaron la foto de un cadáver con una herida en el cuello, como si esa hipotética verdad (que no fue) eximiera de responsabilidad al Estado, es decir a la administración de Cambiemos. Le apuntan a la oposición el intento de aprovechar la situación y algo de razón les asiste, pero acaso habría sido necesaria una marcha -donde se colaron los violentos, como sucede siempre- si es que el Gobierno actuaba con responsabilidad, tomando la iniciativa y garantizando una investigación imparcial. Además si no es Maldonado el de la puñalada en el cogote, entonces hay un muerto. ¿Quién es? Lo peor es que, más allá de que Maldonado sigue sin aparecer, mucha gente piensa que está bien que haya desaparecido, sin importar el móvil ni los responsables. Y lo más grave de eso que está muy mal es que el Estado fomenta esa idea con su indolencia. No es sano que una sociedad crea que la desaparición es una forma de hacer justicia. Macri prometió cambiar las cosas y no lo está haciendo.s