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El destino marcado

A la noche del mismo día en que la vida de Orlinda se apagó sin remedio en el charco barroso del Guazú, los candidatos a gobernador de la provincia convirtieron en un reñidero un presunto debate convocado por una comisión de la Arquidiócesis.

Orlinda Sosa era oriunda de Esquina, tenía 83 años y falleció el martes arriba de una lancha de poca monta, improvisada como embarcación sanitaria que navegaba por las aguas del arroyo Guazú, intentando llegar a la costa Norte para tomar luego una ambulancia que la llevaría al Hospital Zonal de Goya. El acta de defunción dirá, seguramente, que tuvo una descompensación consecuencia del Accidente Cerebro Vascular (ACV) que había sufrido horas antes; pero en realidad falleció por la desidia de un Estado atrasado, que es administrado irresponsable y malsanamente. Un Estado en situación tan ruinosa que no puede garantizar a los correntinos servicios esenciales. Así, es natural que la gente se muera.

A la noche del mismo día en que la vida de Orlinda se apagó sin remedio en el charco barroso del Guazú, los candidatos a gobernador de la provincia convirtieron en un reñidero un presunto debate convocado por una comisión de la Arquidiócesis local. Era una buena oportunidad para conocer lo que planean hacer si llegan al poder. La desperdiciaron. Si tienen una idea, algún proyecto, algo que se parezca o tenga pretensión de plataforma de acción gubernativa, y que -lamentablemente- no se pudo conocer, no sirve. Puede que sea brillante (no hay certezas al respecto), pero no sirve. Hay que romper todo y empezar de nuevo, por lo más importante: educar a los candidatos. Unicamente con dirigentes sanos, responsables, formados, tolerantes y comprometidos con el bien común puede funcionar un plan de gobierno, de otra manera es papel pintado, palabras que se lleva el viento y nunca se habrán de concretar en hechos. Gustavo Valdés, Carlos Espínola y Sebastián Ríos Brisco, sus compañeros de fórmula y todos sus séquitos, demostraron lo que son, lo que valen, lo que pueden hacer, en definitiva lo que nos espera a los correntinos. A la misma hora que los tres mentecatos y sus barrabravas se trenzaban en una discusión de bodegón, el seleccionado argentino de fútbol disputaba un partido crucial ante la débil Venezuela por las Eliminatorias al Mundial de Rusia 2018. El resultado fue decepcionante, el equipo de Jorge Sampaoli no pudo con la visita. ¿Qué tendrá que ver esto con lo anterior y con lo primero?, se preguntará el lector. Y aunque no lo crea, tiene mucho que ver, todo está ligado. A la hora de la pelotera en el -angaú- debate, la mayoría de los correntinos, como casi todos los argentinos, estaban prendidos al televisor mirando la actuación de Leo Messi y los otros diez. Mientras tanto en el Auditorio de la Escuela Hogar se consumaba un pelotazo en contra. Fue el mayor tongo al espíritu democrático por estos lares. El reflejo de una clase política soberbia, enceguecida por retener o alcanzar el poder. Embarcados en su pelea sin advertir lo que es importante, lo necesario y urgente. ¿Alguien habló de Orlinda? Difícilmente hayan tenido oportunidad de mencionar el caso en medio de la refriega tribunera. Igual, no hacía falta. Cualquier intento hubiese sido poco creíble. El seudo debate y sus protagonistas explican por sí solos, por qué se caen los puentes en la provincia, por qué se murió un conductor circulando por una ruta sin vigilancia ni señalización, por qué el hospital de Esquina no tiene terapia intensiva ni el nivel de equipamiento indispensable; por qué los enfermos se mueren sobre una lancha disfrazada de ambulancia. Las respuestas están atadas a la calidad de la dirigencia correntina y no sólo de la dirigencia política, porque mientras los tres candidatos hacían el papelón, el resto de la dirigencia (económica, social, académica) y también la gente, miraba el partido de la Selección. Así nos va.s