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La verdad que se abre paso

¿Qué más tiene que ocurrir para que quienes gobiernan adviertan los problemas? ¿Qué más tiene que suceder para que los correntinos com­prendan que por este camino no hay futuro?

Por segundo día consecutivo, Corrientes volvió a estar ayer en los medios nacionales por un hecho negativo, postergando en la agenda in­formativa el esfuerzo de campaña del Gobierno Nacional involucrado hasta las pestañas en el proyecto de continuidad de sus socios radicales que gobiernan la provincia hace 18 años. El miércoles el drama humano de Fernando, un chico de 13 años que fue sacado de la lista de espera del Incucai por su condición de pobre, deslució la visita del presidente Mauricio Macri, quien estuvo en el Iberá con el gobernador Ricardo Colombi; a su vez ayer, 18 alumnos tuvieron que ser hospitalizados por una intoxicación masiva en una escuela que fue fu­migada prácticamente con los chi­cos adentro. Este episodio eclipsó la presencia del ministro del Inte­rior de la Nación, Rogelio Frigerio, que a esa misma hora encabezaba un acto en otro establecimiento a una diez cuadras de ese lugar. Ni Frigerio ni sus anfitriones, el go­bernador Colombi y la ministra de Educación, Susana Benítez, atina­ron a ir a ver qué pasaba y cómo podían ayudar.

¿Qué más tiene que ocurrir para que quienes gobiernan adviertan que hay problemas, que la situa­ción en Corrientes no es normal? Peor aún, ¿qué más tiene que suceder para que los correntinos comprendan que por este camino no hay futuro? Que no lo entien­dan, no puedan o no quieran entenderlo los políticos, es decir los gobernantes (nacionales y provinciales) es comprensible; repudiablemente comprensible, pero que la sociedad acepte dócilmente la repetición de los traspiés, sin un atisbo de reacción, es ciertamente inad­misible. Se advierte una exasperante resignación a los infortunios, como si fuesen producto de un designio superior, cuando en realidad son perfectamente expli­cables pues son consecuencia del atraso, la postración, la irresponsabilidad, el desinterés, la incapacidad, una serie de factores que concurren en idéntico sentido para configurar la provincia tal como es.

Que un chico de 13 años tenga que esperar la muerte sin remedio por el sólo hecho de ser pobre, o que un pu­ñado de alumnos terminen envenenados en la escuela a la que fueron en busca de conocimiento y formación, no son causas de una fuerza sobrenatural, no es por un castigo divino, la acción de extraterrestres o una conspi­ración cósmica. La razón es más terrenal. Es el resultado del derrape institucional, económico, social. Se debe a la ausencia de políticas públicas y de gobernantes com­prometidos, capaces y honestos. Vendría bien tenerlo en cuenta a propósito del proceso electoral que está en curso y que tendrá su punto culminante el domingo ve­nidero cuando se elija a gobernador y vice, legisladores provinciales y autoridades y legis­ladores municipales.

Quizás, por imperio de los he­chos que acaban de ser señalados y otros tantos que han jalonado el derrotero esquivo de la provincia, es posible que la ciudadanía se sa­cuda del letargo, deje a un lado el conformismo malsano y muestre una reacción haciendo valer su voto, que es la herramienta funda­mental de la democracia. Cuando se vota, se elige. Y no solamente se elige a quien habrá de gobernar, atada a esa decisión se elige el mo­delo de provincia que se anhela, la calidad de las institu­ciones, los servicios, si habrá o no trabajo, si permitirán o no entrar al narcotráfico, si respetarán a los mayores, si cuidarán a los chicos en las escuelas.

Así como han venido votando los correntinos, no es posible esperar algo distinto. Los resultados de la expe­riencia (repetida) están a la vista.

“Desde que asumió Macri (hace dos años) a los co­rrentinos nos comenzó a ir mejor”, dijo ayer el candi­dato Gustavo Valdés. Impensadamente, el hombre re­sumió con crudeza el historial reciente de la provincia; el problema para él es que los 16 años anteriores a la llegada de Macri gobernó su partido y su jefe político. La verdad siempre se abre paso, especialmente ante los sofismas chambones.