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La encrucijada que hay que resolver

El dilema es seguir con una fórmula ya cono­cida, que lleva casi dos décadas en el poder, o buscar algo nuevo, un modelo distinto en las formas y en lo concep­tual.

En el día del nacimiento (hace 122 años) de Juan Domingo Perón y en el día de la captura y muerte (hace 50 años) de Ernesto “Che” Gue­vara, los correntinos van a las urnas para defi­nir su destino. Es pura casualidad que el acto electoral coincida con las efemérides de dos de las figuras ar­gentinas más destacadas en el concierto internacional; ambos fueron políticos, les tocó gobernar, supieron lu­char y abrirse paso, marcaron su tiempo y con lo bueno y lo malo que les corresponde quedaron en la historia, dejaron un legado. Acaso esta impensada sincronía en­tre el presente y aquel pasado, le otorgue a la elección provincial un halo extraordinario que ilumine a los votantes. Lo ne­cesita la provincia.
Más de 810.000 correntinos es­tán habilitados para sufragar en 2.560 mesas dispuestas en toda la provincia. Se eligen gobernador y vice, cinco senadores provinciales y quince diputados provinciales, además de intendente y vice y también concejales en 70 muni­cipios. Claramente es una jorna­da especial, se elige algo más que autoridades para el Ejecutivo o representantes para el Legislativo, el voto de cada correntino define el rumbo colectivo. Es de esperar que el resultado, al final de la jornada, le asigne a la fecha la calificación trascendente que se espera y merece. Hace tiempo que Corrientes transita por un sendero ordinario, y en ocasiones peor aún, ésta es una buena oportunidad para cambiar esa rutina de sinsabores. Las urnas son el vehículo.
El sentido que cada uno le dará a su voto reclama un análisis sereno, una revisión seria y prudente de lo que hasta aquí ocurrió en la provincia, de lo que se consi­guió, de lo que falta y lo que podría llegar. A prudente distancia de las pasiones políticas, de los alineamien­tos ideológicos, de las conveniencias, que dieron lugar a un mercadeo ignominioso en las últimas semanas, es indispensable que cada correntino le asigne méritos a su elección. Y las opciones son claras: continuidad o cambio. No hay términos medios ni siquiera matices que disimulen las alternativas. En esa encrucijada está la provincia. El dilema es seguir con una fórmula ya co­nocida, que lleva casi dos décadas en el poder, o buscar algo nuevo, un modelo distinto en las formas y en lo conceptual.
Llamativamente aquellos que encarnan la continui­dad son los que usufructúan el eslogan del cambio, que identifica al Gobierno nacional, pero es pura cosméti­ca, no se vislumbra una renovación sino delegación de mandos en una suerte de pasamanos que los corren­tinos ya sufrieron en su momen­to. Por paradójico que resulte, el “Cambiemos” de Macri no anida en los que llevan su sello aquí en la provincia. Los 16 años del apellido Colombi (Ricardo-Arturo-Ricardo-Ricardo) conspiran contra el espí­ritu del mensaje que convirtió al líder del PRO en Presidente de la Nación.
No es menos paradójico que aquellos que están en la vereda de enfrente y que cargan con la mochila de la pertenencia a una gestión nacional salpicada por cuestionamientos de todo calibre sean la opción de cambio en Corrientes. Suena extraño, pero la legión heterogénea de convencidos furiosos, moderados y renegados del kirchnerismo constituyen el aire fresco para Corrientes en esta oportunidad. El camino nuevo, la renovación.
¿Algo tuvo que haber pasado durante todo este tiem­po para que tamaña contradicción ponga en aprietos a los electores? Es que las referencias están invertidas. Lo anquilosado y lo fresco no deben ser evaluados se­gún los parámetros nacionales, lo que allá es nuevo, aquí es (muy) viejo. Conviene tenerlo presente. Por eso la decisión es provincial y no puede ser tomada con la influencia de una perspectiva foránea. El futuro de Co­rrientes reclama de un voto correntino.