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La democracia finalmente ganó

El hecho irreversible es que por imperio de los plazos constitucionales va quedando atrás lo viejo, lo gastado, lo que ya no tiene vigencia. El tiempo ofició de anti­cuerpo.

Através de las urnas, el pueblo de Corrientes se­lló su destino y es indiscutible. Se podrá ana­lizar, incluso debatir sobre los factores que llevaron al resultado que anoche al cierre de esta columna cobraba forma en el marco de un escru­tinio exasperantemente lento, pero no se puede desco­nocer la voluntad popular. Seguramente habrá muchas lecturas desde lo político, sin embargo la decisión es (a priori) inapelable. La gente eligió, ejerció su derecho consolidando un proceso democrático que afortunada­mente, pese a todos los obstáculos y sinsabores, sigue adelante y constituye el único resguardo para la vida en sociedad. Ciertamente la demo­cracia correntina no le ha brindado respuestas a las necesidades de la ciudadanía, necesidades que son cada vez más afligentes y urgentes, por eso incluso desde lo simbóli­co la participación de ayer es una muestra de fidelidad al modelo de­mocrático como principio rector.
“Ganó la democracia”, repiten a menudo los dirigentes políticos recurriendo a una frase común, que en boca de algunos resulta un mensaje hueco de contenido. Con una alta dosis de indulgencia, se puede adherir a ese concepto, pero es imposible no sopesar la enorme deuda que se arrastra. Una pesada carga que no es inherente al sistema sino a la actuación de quienes lo representan y lo usufructúan, de los que gobiernan, los que legislan y aquellos que fueron desig­nados para velar por el respeto de las leyes e impartir justicia. El entramado institucional ha dado muestras de un déficit grave, no consiguió en este tiempo generar los anticuerpos indispensables para sanearse a sí mismo, depurar el sistema y ofrecer mejor calidad democrática.
Sin opciones no hay evolución. La política de Corrien­tes no supo refrescar su representación y como conse­cuencia las instituciones democráticas de la provincia tropezaron con el continuismo, una malsana costumbre que ralenta el crecimiento y quita perspectiva de desa­rrollo en todo sentido. Cierto sector de la dirigencia supo vender lo que era un ancla como si fuera motor. Buena parte de la ciudadanía, fascinada por la comodidad, compró ese boleto a la nada. Y así pasaron los años.
Afortunadamente se abre una esperanza de renova­ción, forzada, pero renovación al fin. No se puede inter­pretar aún como un cambio, pero sí al menos se puede definir como una oportunidad para forjar algo distinto. Es de esperar que sea así. Este es el significado más pro­fundo del acto democrático que se vivió ayer en Corrien­tes y no tiene que ver con los nombres propios ni siquie­ra con las alianzas o los alineamientos políticos. Más allá del resultado electoral y a quien lo beneficia, hay algo que termina y un proceso que se inicia. El tiempo dirá si es nuevo.
Por lo pronto, el hecho irreversi­ble es que por imperio de los plazos constitucionales va quedando atrás lo viejo, lo gastado, lo que ya no tiene vigencia. El tiempo ofició de anticuerpo, aquello que las institu­ciones del sistema no supieron ins­talar lo produjo los años. Serán los actores del nuevo tiempo los que tendrán la responsabilidad de que el pretérito quede encerrado con esa condición y no se vuelva presente. Corrientes nece­sita de una renovación. Las estadísticas muestran con crudeza la realidad de una provincia hundida en la po­breza, la desocupación, el trabajo en negro, mortalidad infantil, repitencia y deserción escolar. Los indicadores económicos y sociales hablan de un atraso ignominioso. Se edificaron y consolidaron durante décadas, llevará el mismo tiempo revertirlos y se necesitará de mucho esfuerzo, compromiso y trabajo. Así como venía la pro­vincia, claramente, no había perspectiva de éxito en esa misión. Y es imposible no relacionar ese fracaso al go­bierno, por eso hay una oportunidad adelante: se renue­va el Ejecutivo. Más allá de los nombres, comienza otro tiempo. Ya es bastante. Solamente por eso: (finalmente) ganó la democracia.s