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Messi, Susana, Francisco

No puede decirse que haya coordinación, pero es un hecho que la percepción de los personajes públicos sobre la realidad de la Argentina tributa a un mensaje de preocupación.

Leo Messi desde afuera, Susana Giménez desde adentro, de pronto la administración de Mauricio Macri sufrió dos inesperados baldazos de la más fría realidad. Los dos personajes, que son ídolos y tienen un fuerte ascendente social más allá de su actividad, describieron con preocupación la situación actual de la Argentina; por ejemplo el astro del fútbol habló de la inseguridad y adelantó que por eso no piensa volver al país en estas condiciones; en tanto la diva de la televisión criticó con indignación la postergación salarial que habrán de sufrir los jubilados y pensionados con la reforma previsional en curso. También se quejó de la inseguridad en las calles y pidió mano dura con las leyes. Ninguno de los dos apuntó directa ni elípticamente al Presidente ni a su gestión, pero los cuestionamientos hacen mella en la imagen de un Gobierno que, a cuatro días de cumplir dos años, no tiene mayores aciertos para exhibir.

Con cierta indulgencia se podrá conceder que en el plano coyuntural, Cambiemos ha conseguido establecer algunos puntos de equilibrio, los necesarios para transitar este tiempo, sin embargo en las cuestiones de fondo, en lo estructural, aún está todo por hacerse. Con las asignaturas que todavía están pendientes y bajo la atención de la ciudadanía que espera la pronta llegada de las soluciones que les fueron prometidas, el Gobierno se topó con un chubasco helado, el de dos ídolos de marca mayor desgranando su preocupación sincera, y en voz alta, sobre la marcha del país. Es verdad que algunas de las quejas reportan a problemas de fondo, que no son nuevos, pero seguramente nadie en la Casa Rosada esperaban que llegaran en este momento, a pocos días del segundo aniversario de gestión. Es que el balance, en lo económico y lo social, tiene gusto. Todo el cotillón del optimismo PRO no alcanza a disimular el sacrificio (léase: sufrimiento) que está soportando el pueblo argentino y que ni siquiera tiene el consuelo de una pronta finalización, por el contrario recién está comenzando. Sin ir muy lejos, ayer el ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren, clarificó una expresión de su par de Hacienda, Nicolás Dujovne, sobre la disparada tarifaria de los servicios. “A partir de 2019 las tarifas de luz y gas se actualizarán por inflación y costo de producción de las empresas”, señaló. Conclusión, durante 2018 continuarán produciendo aumentos a mansalva para liquidar los subsidios y emparejar consumos con costos. El escenario no es propicio para las celebraciones, en las montañas del Sur han matado a otro manifestante de la causa mapuche en medio de una represión. La Justicia está investigando para determinar responsabilidades y en igual estadío se encuentra el expediente referido a Santiago Maldonado, que también murió, pero ahogado, en un río caudaloso de Río Negro mientras se manifestaba a favor de los mapuches. Lo último que se supo es que lo corría la Gendarmería Nacional, de noche, en un territorio inhóspito. Ayer el papa Francisco recibió a los familiares de Maldonado y se expresó en apoyo de la búsqueda de justicia. Messi, Susana, Francisco, no puede decirse que haya coordinación, mucho menos premeditación, pero es un hecho que la percepción de los personajes públicos sobre la realidad de la Argentina tributa a un mensaje de preocupación. Es la misma inquietud que tiene buena parte de la sociedad que convive cotidianamente contra la inseguridad, que busca denodadamente justicia o que batalla contra la aplastante economía con apenas un sueldo de miseria. La postergación a los abuelos, la inseguridad en las calles y los que mueren en operativos de represión hablan de un país complejo, fragmentado por déficits profundos, que no se resuelven. Y no alcanza con “bajar la ansiedad” como pidió Macri al referirse al submarino perdido en el Atlántico Sur. s