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Raúl Rolando "Tato" Romero Feris
Por: Raúl Rolando "Tato" Romero Feris
Por Raúl Rolando “Tato” Romero Feris.

A veinte años de una Provincia soñada y perdida

Esta semana se cumplen veinte años de cuatro hitos de un gobierno que significaron para Corrientes y la Región, la vocación integradora de excelencia y proyección que soñamos al asumir el gobierno provincial en 1993. Hoy, estos hitos significan a la vez las antípodas en la que nos encontramos: veinte años perdidos, de atraso y de estancamiento, que no se supo aprovechar por los egoísmos de poder y una clara falta de visión de los gobernantes que nos sucedieron.

A principios de diciembre de 1997, y ya finalizando mis cuatro años de gestión para el que el Pueblo de Corrientes me había elegido, dejamos inauguradas las ampliaciones del Instituto de Cardiología, el nuevo puente Internacional Santo Tomé – Sao Borja, el proyecto elaborado del Complejo Multimodal de Cargas y Segundo Puente Ferrovial Corrientes-Chaco, y el corazón de todo nuestro proyecto político para la provincia de Corrientes: el Hospital Pediátrico Juan Pablo II.

Nadie puede negar en este proceso histórico de Corrientes de las últimas décadas, que no hubieron obras de la envergadura de éstas que se hayan hecho en la provincia. Ni todas las construidas en todo este período, significan la magnitud de lo plantado en materia de integración y proyección al futuro que nosotros iniciamos.

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Por un lado, el Instituto de Cardiología, que si bien recientemente recibió un impulso de una nueva ampliación, no tuvo el salto cualitativo que le dimos nosotros en 1996, sentando las bases para lo que se pudo hacer después. La estructura y el equipamiento provisto en 1997 al dejar inauguradas sus ampliaciones, un resonador magnético de última generación, el tomógrafo junto a toda la tecnología incorporada, y la formación de material humano y técnico que ello permitió, fue un paso necesario para que el ICC sea lo que es ahora.

De la misma manera, el Proyecto del Segundo Puente Corrientes-Chaco, unido a un Complejo Multimodal de Cargas para conectar la Hidrovía Paraná-Paraguay, con seguros inversores listos para asumir el riesgo de su construcción y explotación, fue y es la base sobre la cual aún discuten de ambas orillas sobre su concreción. A veinte años no se puede negar que se ha perdido un tiempo valiosísimo, retrocediendo varias generaciones, que en un mundo cambiante y en avance, es haber perdido el tren de la Historia.

Al menos me queda la tranquilidad de haber hecho lo que se tenía que hacer. Que cada uno se haga responsable de lo que hizo o no. Yo cumplí con la Historia.

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El otro hito, el único en su tipo en los últimos 40 años, fue la construcción del Puente Santo Tomé -Sao Borja. Un largo y anhelado vínculo con Brasil, que luego de arduas tratativas con la Nación y con los Estados brasileños, y con la firme voluntad política del Gobierno de Corrientes y del gobernador Britto del Estado de Río Grande do Sul, fue una realidad. Hoy es el segundo paso fronterizo internacional en nuestro territorio, segmento necesario del Corredor Bioceánico que proyectamos, y del que formaría parte el Segundo Puente sobre el río Paraná.

Por último, el Corazón y la Razón de Ser de todos los proyectos y obras de gobierno: “una obra de Fe, de Esperanza y de Amor”, lo dije aquel 9 de diciembre de 1997. El más avanzado centro de salud infantil de todo el país, que apuntaba a ser un centro de excelencia para la región, montado con la mejor tecnología, y el equipo técnico y médico entrenado en los centros de salud más avanzados del mundo.  Un modelo de gestión que no tenía antecedentes, y replicaba lo mejor de ellos. Todo destinado a la salud de quienes debían heredarnos, buscando disminuir los vergonzosos índices que hoy se ven aumentados, de mortalidad y morbilidad infantil.

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Todo nuestro espíritu estuvo centrado en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II, con un modelo de administración que debía ser inédito y de lo más moderno. Hoy, por poco no asistimos a una ruinosa situación en la que se encuentra. En la perspectiva del tiempo, creo que con el abandono, se ha atacado al corazón mismo de la esencia de Corrientes. Lamentable pérdida y agonía diaria.

Veinte años de estos hitos, veinte años de sueños concretados e iniciados, caídos todos en desgracia.

Me queda la satisfacción de haberlos hecho y soñado. A la vez, el ingrato balance de que nunca más se ha podido igualar la vocación de trabajo, de servicio y de crecimiento que proyectamos para una provincia que se ha perdido.

Veinte años que pongo a consideración de las nuevas generaciones, para que no repitan los errores de sus mayores, y en la unidad y el diálogo, superen la mediocridad del presente.