Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/127394

La Justicia metió la cola

En los últimos años muchos jueces se han empeñado en convertirse en un estorbo en el camino hacia una mejor calidad institucional.

Día de recambio institucional en Corrientes, que (junto con Catamarca) está desfasada del orden nacional. Día de festejo para el macrismo que cumple dos años en el poder. La jornada invita a la reflexión, especialmente porque el foco de atención no está puesto en el balance de lo que se ha logrado y lo (mucho) que todavía resta por alcanzar, sino porque la Justicia metió la cola y proliferan las sospechas. No debería ser así, aunque lamentablemente parece que la Justicia en la Argentina funciona de este modo, subsumida y condicionada por tentaciones revanchistas. El más reciente y esclarecedor ejemplo de ese pecado original que suele cubrir con un manto de sospecha las decisiones judiciales que involucran al Poder en el país tuvo como protagonista en los últimos días al juez Claudio Bonadio, con su fallo vinculado al atentado contra la mutual judía Amia.

Bonadio, que acumula una veintena de denuncias en su contra y a estas alturas no se entiende bien por qué continúa ejerciendo la profesión, desató un escándalo político al solicitar el desafuero de la ex presidenta y senadora electa, Cristina Kirchner, para proceder luego con su detención. Se trata de la denuncia que había realizado el fiscal Alberto Nisman antes de aparecer muerto en 2015. Otros ex funcionarios de la administración anterior, dirigentes sociales y demás ya están durmiendo tras las rejas. Esta avanzada de la Justicia, que parece haberse despertado de golpe, contra ex funcionarios del kirchnerismo generó revuelo en el seno de la clase política argentina en general. En realidad, no da la sensación de que la Justicia haya enfocado su mira en la oposición en su conjunto, sino que los cañones apuntan básicamente hacia los ex funcionarios kirchneristas acusados o bajo sospecha de haber cometido ilícitos. Por una cuestión de transparencia y hasta de salubridad democrática en la Argentina, los políticos deberían acostumbrarse a que una vez concluido su mandato puedan ser llamados a rendir cuentas ante la Justicia por las decisiones que hubieran tomado como empleados del Estado. Sin embargo, en los últimos años los jueces se han empeñado en convertirse en un estorbo en el camino hacia una mejor calidad institucional. Bonadio, uno de los presuntos magistrados incluidos en la “servilleta” de Carlos Corach, integra esa nómina de obstáculos. El periodista Emiliano Rodríguez (NA) lo describe con detalle: “Desde su mismísima designación, allá por 1994, dispuesta por el ex mandatario Carlos Menem y en momentos en los que Bonadio se desempeñaba como número dos de la Secretaría de Legal y Técnica de la Presidencia, cumpliendo órdenes de Corach justamente, el cuestionado juez ha sabido acumular méritos para ser considerado como un magistrado amigo del Poder... ¿o no decía eso la servilleta?” “Traición a la Patria y encubrimiento” es la acusación que plantea Bonadio, el mismo magistrado que en noviembre de 2005 fue separado de la investigación del atentado contra la Amia por “falta de imparcialidad” y por haber mantenido un doble rol de juez y sospechoso, luego de que el Gobierno en ese momento imputara en la causa al ex ministro del Interior, Corach, su amigo y ex jefe en la función pública. Ahora el hombre se lanza de lleno a esta cruzada contra funcionarios K con argumentos que, a decir verdad, humean algo de revanchismo. No debería ser así, aunque parece que lastimosamente para la Justicia la tentación es más fuerte y entonces suceden estas cosas. Por amiguismos, por conveniencia, por corrupción, por presiones políticas o por sed de revancha se han tomado decisiones que conspiran contra la credibilidad del sistema judicial. Así no hay institucionalidad que resista. Es bueno tenerlo en cuenta hoy que cambian las autoridades en Corrientes.s