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La política orquestada

Ayer, en el día después del escándalo en el Congreso que volvió a dañar la imagen de Macri, la justicia federal le dispensó otra tabla: pidieron la captura de Cristóbal López.

Apenas un par de horas después de la ajustada aprobación de la reforma previsional en la Cámara de Diputados de la Nación, precedida por otro caos en las inmediaciones del Congreso, el presidente Mauricio Macri apareció ayer ante la prensa con su discurso inocentón, culposo y optimista para justificar el manotazo a los bolsillos de los jubilados nacionales. En medio de las argumentaciones deslizó un dato preocupante: “Aún no hemos podido vencer a la inflación”, dijo el mandatario. Tratándose del pupilo de Jaime Durán Barba, que tiene todo guionado, la frase bien puede ser una revelación o, tal vez, una representación. A los efectos de amortiguar el escándalo (político y social) que generó el cambio de movilidad en las jubilaciones, el fantasma de la inflación recortándose en el horizonte es funcional al interés de la Casa Rosada, que perdió con esta ley mucho más de lo que imaginaba y en el segmento donde más esfuerzo y recursos dedica, en la opinión pública.

Si bien la administración de Macri consiguió legalizar la poda a la Anses y el pase de manos de recursos con preferencia a la bonaerense María Eugenia Vidal, no obstante el costo político de la operación fue altísimo. Y no en el Parlamento, donde las voluntades son casi siempre volubles, sino en la calle. La obstinación del Gobierno en avanzar sin retoques con la reforma previsional puso en la vereda de la crítica a los sectores medios no vinculados a la política y de escaso compromiso cotidiano con los temas de la agenda pública. Impensadamente, perforó su base de sustentación electoral con una medida ingrata, que desnuda el costado más inhumano del ingeniero Macri despojando de beneficios a los más vulnerables, los jubilados. ¿Cómo repercutirá en el escenario político y social de aquí en adelante? El interrogante todavía no tiene respuestas. El próximo examen para Cambiemos está lejos y a menos que realmente se articule algún esquema de resistencia -sin violencia- que incomode a la gestión, es poco probable que los ocupantes de la Casa Rosada vayan a soportar grandes apremios. Tienen dos años por delante, hasta el regreso de las urnas, para enderezar el rumbo y maquillarlo. Contrariamente a lo que muchos han expresado, el Gobierno eligió diciembre para el guadañazo, no fue casualidad. Pocas cosas en el itinerario de Macri (con Durán Barba entre bastidores) están libradas al azar. La forma en cómo maniobró el lunes, con la anarquía en las calles, es clara demostración de un plan para traspolar la carga de la responsabilidad y ubicar a los violentos en primera fila y con las manos libres. Sorprendido el miércoles y jueves pasado cuando la Gendarmería arremetió con furia contra los manifestantes, en este segundo round ensayó un movimiento maquiavélico. Sacó a los gendarmes y puso a la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, maniatada por una orden judicial, frente a la muchedumbre enardecida. Estaba cantado lo que iba a suceder. Los policías sufrieron una brutal intifada; Macri es el responsable, los entregó sin piedad. La jugada estuvo a punto de salir bien, pero el descontrol superó la previsión. Cuando se decidieron a actuar ya era tarde. “Toda esa violencia que vimos fue orquestada, no fue espontánea”, dijo ayer Macri. Albricias, el Jefe de Estado halló una verdad iluminadora. ¿Acaso pensaba que esa horda llegaría hasta las vallas, se pondría frente a la Policía y diría: “protesto enfáticamente”, para luego retirarse? La violencia es siempre violencia, no se puede justificar. Y es cierto que la oposición no condenó esa brutalidad, sin embargo en ocasiones pareciera que el Presidente se burla de la inteligencia de los argentinos. El primer obligado con la paz social es el Estado y el ingeniero lo manipuló para direccionar la opinión pública y camuflar el zarpazo. La gente, afortunadamente, ya no come piedras. Los revoltosos no defendían a los jubilados, Macri tampoco. s