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La percepción y la realidad

Si efectivamente la reforma previsional termina beneficiando a los jubilados, como asegura el macrismo, ¿Por qué el 60% de los argentinos cree lo contrario?

La administración de Mauricio Macri parece reponerse de una situación compleja, con la aprobación (o casi) del paquete de reformas que propuso, especialmente la previsional que generó fuertes turbulencias políticas y sociales. Aunque el camino ahora parece más liso, de todos modos el Gobierno terminó magullado e incluso alborotado puertas adentro a causa de los salvajes incidentes ocurridos en la Plaza del Congreso. El clima ya no es el mismo, la clase media (media y acomodada) que le dio sustento a Cambiemos parece haber entrado en una espira de descontento, sucede que no hay señales de mejoría y por el momento lo único que se avizora es más sacrificio.

Seguramente el balance es agridulce para los inquilinos de la Casa Rosada, venían fuerte y terminan a los tropezones. Apenas dos meses después de la algarabía generada por el resultado de los comicios, en los que Cambiemos recibió el apoyo en las urnas de cuatro de cada diez votantes e incluso se anotó un empalagoso triunfo sobre la ex presidenta Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires, finalmente no supo evitar que la oposición instalara la idea de que con el cambio de fórmula de movilidad jubilatoria se les estaba “robando el dinero a los abuelos”. Pese a contar con todos los medios a su favor y los troll center activos 24x24, no consiguió desactivar la bomba de tiempo que se estaba gestando y que finalmente le explotó en las manos a un Gobierno que continúa fallando en lo que más le importa, la comunicación. Si efectivamente esta reforma termina beneficiando a los jubilados en el mediano plazo, como asegura el macrismo, ¿por qué el 60% de los argentinos cree lo contrario? Así lo indica un sondeo de opinión divulgado recientemente. Pero además el número de economistas y consultores que objetan la ley es cada vez mayor, esto sin contar los constitucionalistas. El hecho es que las cacerolas volvieron a tronar en las calles del país después de otra medida aparentemente impopular del Gobierno -o al menos ésa fue la sensación que quedó instalada-, como había ocurrido a mediados del año pasado cuando la clase de media, en su mayoría, también salió a protestar por el salto dispuesto para las tarifas de servicios públicos. En medio del convulsionado fin de año, las estadísticas oficiales y privadas muestran que el país transita por un incipiente período de crecimiento económico pero ese efecto no permitió avances en el mercado de trabajo ni en los índices de pobreza, que prácticamente siguen en los mismos críticos niveles de 2015. La teoría del derrame que, con algunos matices, promueve la administración de Mauricio Macri, tuvo su auge en los ‘90 y se basa en la presunción de que los buenos resultados macroeconómicos impactarían primero en sectores más altos, para luego trasladarse a los estratos más populares. En rigor, esta política generalmente no ofrece mejores resultados en las variables sociales vinculadas con pobreza y trabajo. “Estoy acá como Presidente de todos los argentinos, con el único fin de ayudarlos a crecer, la meta que quiero por la que se me juzgue es si pude o no reducir la pobreza, y desde el primer día cada decisión que he tomado es para que cada argentino pueda tener una herramienta para salir adelante”, dijo Macri, tras la aprobación de la reforma.Así como va, el resultado está cantado. La reforma previsional, al contrario de lo que asegura el Gobierno, provocará un recorte de casi $100 mil millones de la Anses que afectará a jubilados, ex combatientes y beneficiarios de la AUH. Son los más vulnerables. La despareja distribución profundizará las desigualdades y es el caldo de cultivo de la pobreza. Por eso, el crecimiento económico no encuentra respaldo en las variables sociales, que siguen deterioradas y con perspectivas de un agravamiento. s