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De la cadena a la red

El gobierno de Cambiemos y sus pares de las provincias se han incorporado a la tendencia de hablar por las redes sociales, que en definitiva representa una maniobra de no comunicación.

Descontracturado desde el seno de su hogar, o al menos eso lo que pretendieron hacer aparecer, y displicentemente festivo, el presidente Mauricio Macri emitió luego del brindis de Nochebuena un saludo para sus seguidores en las redes sociales, de tal modo que ante la ausencia de otra comunicación formal desde la esfera institucional, esa aparición de madrugada después de comer “como medio kilo de turrones”, según relató, y recibir regalos, se convirtió en el mensaje oficial de Navidad de la Casa Rosada. Extraña forma de comunicar (se) de un gobierno que vive preocupado (y gasta mucho) en la comunicación. Sin embargo, a juzgar por los resultados, la fórmula le resulta exitosa, tanto que otros han copiado el modelo.

A diferencia de lo que sucedía hace no mucho tiempo, no hubo en esta Navidad mensajes ni saludos de las autoridades por los conductos formales tal como el protocolo institucional lo demanda. A menos que las cuentas de Twitter, Facebook e Instagram, entre otras redes sociales, se hayan convertido en las plataformas oficiales de la comunicación del Estado. Si es así, no avisaron. Y la picardía es que para dar ese aviso tendrían que utilizar, al menos por última vez, los viejos conductos. Es esencial, pues no todos los comunicadores (en principio) y la ciudadanía (en general) ha sido contagiada todavía del snobismo virtual. Queda aún una considerable porción de vecinos -especialmente en estos lares y otros suburbios iguales del planeta- que gusta de cultivar otro tipo de trato no tan dependiente de la tecnológica y más cercano a la humano. Es decir, a lo que somos o debemos tratar de ser. Es verdad que esta pretensión se ha convertido casi en una acción verbal del pretérito imperfecto, pero conserva todavía bondades que deberían ser valoradas. Como sea el gobierno de Cambiemos y sus pares de las provincias (además de muchos municipios) se han incorporado a esta tendencia de comunicación, que en definitiva representa una maniobra de no comunicación. Veamos el caso de Macri. Lo del saludo de Navidad es una anécdota, apenas un ejemplo para reflejar el sistema que está en práctica. No es lo importante, da igual -o no- que el Presidente emita su saludo por las Fiestas, nadie dejará de brindar o comer pan dulce por eso. Lo significativo es lo que expresa, el mensaje que desliza, cómo fue construido, la manera en que llega a la gente y en el momento que le llega. La rutina se repite tanto para los temas inocuos como para aquellos que son de agenda pública. “Hicimos lo que teníamos que hacer”, dijo Macri luego de contar que había comido turrón y que recibió ropa deportiva de regalos. A esa altura no se sabía si hablaba de la Navidad o de la reforma previsional que le dio un zarpazo a los jubilados. Y seguido reflexionó: “El problema de estas Fiestas es que uno come mucho sin darse cuenta”. La Biblia y el calefón. Así las cosas, el ejercicio de esta comunicación coloquial -unidireccional- termina subordinando el debate de los asuntos serios a los comentarios de entrecasa, y la gente desprevenida le otorga a un tuit o un video el rango de información oficial. Y ¿lo es? Pasa en Corrientes donde, de pronto, desapareció la información del Estado y todo queda resumido a una imagen y/o una oración de 140 caracteres, o menos en las redes sociales en cuentas personas. Es posible que no se hayan percatado, pero están hablando solamente con un segmento de la sociedad, aquellos que los siguen, el resto no participa. Es como el bitcoin, una moneda para un mercado encriptado. Es la comunicación en tiempo de Cambiemos. Dicen que funciona y hasta parece lógico después del festival de las cadenas nacionales que gastó la importancia de la palabra y el protocolo. s