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2018, un año que no admitirá mediocres

"Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes solo necesitan saber a dónde van". José Ingenieros - El Hombre Mediocre.

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La máxima desdicha de un hombre superior es sobrevivirse a sí mismo, nivelándose con los demás.... Vejez y mediocridad suelen ser desdichas paralelas.

Culmina el 2017 en el peor de los pantanos en el que una sociedad puede estar. Alta mortalidad infantil y neonatal, altos índices de repitencia y pésima calidad educativa, alto desempleo y trabajo informal, la mitad de la población bajo la línea de pobreza, y una inflación que nos ubica octavos en el ránking en el mundo, junto a países africanos en estado de guerra.

A ello, si le sumamos una grieta política y filosófica y ánimos exacerbados listos para salir disparados en respuestas violentas al adversario, tenemos el cóctel exacto que pronosticó la Iglesia hace ya veinte años atrás: la “libanización”, “atomización”  y la desaparición como Nación, están siempre a la vuelta de la esquina.

Ya no se admiten más eufemismos. No se puede perder el tiempo porque el Ayer nos ganó y se mantienen como permanente Presente. Enredados en nuestras propias antinomias de antaño, llegamos a lo de siempre: ver al otro como mi enemigo.

Hoy nadie es “contra” ni “amigo”. Todos somos artífices comunes de lo que le debemos a los que vienen. La crítica desde un medio nunca debe ser vista como una afrenta, sino como la posibilidad de modificar la agenda para mejorar el proyecto. Algunos lo vieron como palos en la rueda, cuando en realidad, se buscó una respuesta de reconocimiento y un golpe de timón que evite el choque abrupto con la realidad.

Es de mediocres pensar en estos tiempos que las diferencias son motivo de más enfrentamientos. Es necesario segar, separar la cizaña del trigo, y volver a sembrar, tal cual el ciclo de la vida. Porque las generaciones que no siguen vienen con ímpetu, pero sin rumbo, y es necesario imprimirles una visión de unidad, que nos faltó todo este tiempo.

La experiencia de veinte años de desencuentros dejó a una generación frustrada, y a otra encaramada en un triunfalismo que ya es pasado. De nada sirvió todo eso, si el resultado es una grieta social cada vez más profunda, con miles de pobres estructurales por un lado, y nuevos ricos con ricos cada vez más ricos, por otro.

Será momento entonces, desde el primer día, de ir un paso adelante desde el periodismo, sin adelantar hechos, sino anticipando el rumbo. Un faro más en el mismo derrotero siempre suma.

Y, despojados ya de banderías efímeras, plantar en cada paso, en cada artículo, lo que nos planteáramos desde un principio: ser el Norte que marca el rumbo.

Hoy la brújula social está marcada y fija: no hay tensión magnética que lo desvíe. Será solo saber mirar lo que señala, para saber adónde ir.

Porque a fin de cuentas, el Norte es uno solo.