Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/128178

El choque contra la realidad

Se disparó el dólar y el banco central prácticamente no intervino y así reveló la estrategia: acercar la devaluación a la inflación anual, cercana al 25%.

El equipo económico de Mauricio Macri se vio obligado a elevar las metas de inflación compelido por una realidad adversa, con precios que no encuentran freno, y dejó expuestas las diferencias entre el poder político y el jefe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Federico Sturzzenegger, encargado de la política monetaria y principal figura de la estrategia para maniatar la inflación. Tras el gambito oficial, el banquero quedó debilitado. Algunos dicen que comenzó la cuenta regresiva para su salida del elenco macrista. Ayer se sumó un hecho que suele ser sintomático de la descomposición, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo que estaban “muy contentos” con Sturzzenegger y que no habría cambio de nombres. La historia marca que la confirmación opera como un preanuncio de la desvinculación.

En medio de esta novela, la inflación sigue su curso. Es el reflejo de un modelo económico que no encuentra el rumbo y está siendo sostenido artificiosamente. La semana pasada el presidente Macri dijo que de continuar sin correcciones todo podría explotar. Quizás solamente lo dijo para forzar la aprobación en el Congreso de la Nación de las reformas solicitadas, pero un par de días después su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, advirtió que se podría gestar una crisis macroeconómica. Que asusten una vez, está bien; dos veces es para sospechar. En las últimas horas se agregó otro dato preocupante, el Fondo Monetario Internacional -que le dicta la receta a Cambiemos- elogió los avances logrados, pero dijo que el ajuste fiscal está muy demorado y puntualmente pidió rebajas de salarios, jubilaciones y planes sociales. El organismo alertó que el nivel de endeudamiento externo es peligroso. El cuadro de situación claramente es complejo. El Presidente, que descansa en familia en la Patagonia, no encuentra la forma de resolver el problema y su equipo económico y político está envuelto en cuitas internas. Con la foto del jueves del jefe de Gabinete, Marcos Peña, los ministros Nicolás Dujovne y Luis Caputo y el jefe del Banco Central, el Gobierno intentó mostrar cohesión y trabajo en conjunto, pero desnudó también la interdependencia entre el poder político y la autoridad monetaria. Las diferencias de criterio y la suba en las metas impactaron en el mercado cambiario: el dólar se catapultó a un nuevo récord y luego se desinfló, aunque terminó el año con una devaluación del 17,3%. Lo llamativo de esta disparada fue que el Banco Central prácticamente no intervino y así reveló la estrategia: acercar la devaluación a la inflación anual, cercana al 25%. Las disputas y diferencias entre el responsable de Economía y el titular de la autoridad monetaria no son nuevas porque en algún punto conviven con diferentes objetivos. La política de altas tasas que impulsa Sturzenegger -muy respaldado por el presidente Macri- chocan con los objetivos de crecimiento que pretende Dujovne, desde Hacienda. Si además, el programa monetario prefijado no logra los objetivos planteados, ese enfrentamiento es más frontal y las consecuencias, insondables. Por lo pronto el jueguito entre los funcionarios le significó a la gente una devaluación de casi el 20% en el bolsillo. Otro regalo de Cambiemos para despedir el año. Los pronósticos erráticos son parte del problema. Dos años sin aciertos confirman la dificultad para frenar la inflación, pese a la riesgosa política de tasas elevadísimas impuesta por el Central. Este año, la Argentina terminará con déficit en sus cuentas externas de 25 mil millones de dólares y la única fuente de financiamiento es el endeudamiento. No es extraño que el FMI haya salido a avisar que las reformas están bien, pero que se debe cortar el endeudamiento. Una crisis internacional podría volver realidad el presagio de Macri (y Dujovne): todo puede estallar.s