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El destino y la cadencia del descanso

Corrientes está inexorablemente atada a lo que produzca u ofrezca la Nación y ahora con el alineamiento ese esquema se profundizó.

El año, que fue muy agitado por la puja política, se despide con una inusual parsimonia en Corrientes. Presagio de que el verano transcurrirá con tranquilidad, a menos que las altas temperaturas -que figuran dentro del pronóstico- hagan tambalear el sistema energético, que ya tuvo algunos tropezones en la última semana. Así y todo, los apagones forman parte de la rutina estival y tributan a un escenario general marcado por la ausencia de sorpresas significativas. Todo hace suponer que hasta marzo no habrá que esperar novedades de importancia, el destino de la provincia está marcado por una cadencia institucional que viene de largo tiempo y que fue ratificada en las urnas en el transcurso de 2017. Es lo que eligieron la mayoría de los correntinos.

Mientras el universo sigue en movimiento, aquí se prepara el chamamé, luego el carnaval y en medio el corso de los barrios, algo de sol y playa, tereré; quizás vacaciones fuera de la provincia para los más pudientes y sino, solamente dejar transcurrir el tiempo a la espera de que algo sacuda la monotonía. Cambios, nada que se pueda avizorar en lo inmediato. Corrientes está inexorablemente atada a lo que produzca u ofrezca la Nación y ahora con el alineamiento ese esquema se profundizó. A menos que algunos detalles hayan quedado reservados a la espera de mejor momento para el anuncio, la agenda política local no muestra asuntos de relevancia en vías de concreción ni proyectos que estén en gestión y próximos a salir. Todo depende del Gobierno central, obras, programas, lineamientos. Aquí hay poco sobre el tapete, el Presupuesto provincial 2018 recientemente aprobado en la Legislatura así lo evidencia, pues aunque enumera obras públicas de distinta envergadura en el territorio correntino los recursos corresponden al derrame nacional. Pasa eso, por ejemplo, con los planes del Instituto de Vivienda de Corrientes (Invico). Este diario ya reflejó, con cifras del Presupuesto provincial, que en materia de infraestructura no hay aportes locales, todo está supeditado a los fondos federales. El Plan Belgrano es la gran apuesta, aunque hasta el presente no hay ningún resultado a la vista. Pese a lo mucho que se necesita aquí (viviendas, hospitales, escuelas, rutas, puentes) llamativamente el Gobierno correntino no ha estipulado partidas extraordinarias al efecto en un Presupuesto anual superior a los 47 mil millones de pesos que destinará solamente el 47% a inversión salarial ¿y el resto? El Poder Ejecutivo pidió -y se la volvieron a conceder- autorización para tomar deuda en el mercado financiero, esta vez por 5 millones de pesos. En el Presupuesto 2017 (que hoy termina) ya se le autorizó a tomar préstamo por 3 mil millones de pesos y años anteriores hubo otros permisos por montos menores. En todos los casos la argumentación es la necesidad de hacer obras, pero resulta que los proyectos no se conocen y peor aún, no se concretan. La ausencia de contralor por parte del Poder Legislativo sumerge en la sospecha el proceso pues no se conoce si finalmente se toman o no los empréstitos. Ningún dato, todo en la oscuridad. En paralelo crece la deuda pública provincial y también aumenta la deuda flotante. Los compromisos financieros de la Provincia se duplicaron en el último lustro, pese a que el Gobierno gozó de un jubileo que lo puso a salvo del pago del capital y los intereses de la deuda. ¿En qué se usó ese dinero? Nadie lo sabe. Hay una o dos generaciones más de correntinos endeudados y el beneficio de esa operación no está a la vista. Ahora hay que comenzar a pagar. Con el endeudamiento en alza, la desocupación que no cede y cuatro de cada diez correntinos sumergidos en la pobreza, Corrientes despide el año y muchos se entregan al descanso. No es una buena señal.s