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La batalla desigual contra la droga

Una ecuación sencilla (y hasta lógica) sería suponer que por cada operativo que resulta exitoso hay otra operación del narcotráfico -de igual magnitud- que logra burlar los controles.

Pese a la multiplicación de los operativos de las Fuerzas de Seguridad, principalmente Gendarmería Nacional y Prefectura Naval, el flujo de estupefacientes que ingresa al país casi no ha disminuido y la localidad de Itatí -en el Norte de nuestra provincia- constituye la vía de acceso. Lo evidencia la cantidad de procedimientos (exitosos) que se concretaron en los últimos meses en esa zona y el volumen de mercadería incautada. Por ejemplo, entre el miércoles y ayer desbarataron tres cargamentos de marihuana por un total de 623 kilos. Hasta donde se sabe, no hubo detenidos. Ahora bien, ¿alcanza con este resultado o la batalla está siendo ganada por el hampa? El interrogante seguramente tendrá respuestas disímiles según se quiera ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero lo concreto es que algo no está bien si la droga sigue llegando a raudales a nuestras costas. Esto quiere decir que hay mercado, que el negocio funciona y deja muchos dividendos.

Es un hecho que la Argentina ha dejado de ser un país de tránsito. Esa discusión está superada, hay que asumir la realidad del consumo cotidiano. La natural preocupación que despierta el negocio del narcotráfico se vuelve todavía más inquietante al descubrir que pese a todo lo sucedido, Itatí, el pueblito de la Virgen patrona de los correntinos, continúa siendo el puerto de desembarco de la marihuana. El denominado Operativo Sapucay que llevó adelante la Justicia Federal (de Buenos Aires, no de Corrientes) y que puso al desnudo las conexiones de las bandas de narcos con la política y la Policía provincial, además que haber infectado a la sociedad itateña, no consiguió desactivar las líneas de tráfico que se dedican a recepcionar del Paraguay, fraccionar y distribuir la droga. Duele decirlo, pero Itatí es todavía el portal de ingreso de la marihuana a la Argentina. Duele aún más saber que decenas de personas pobres, sin trabajo, son la mano de obra barata para el narcotráfico. La encomiable tarea que llevan adelante los efectivos de la Prefectura Naval Argentina y de la Gendarmería Nacional no alcanza para frenar el goteo constante, por ejemplo las últimas noticias dan cuenta de tres operativos que se realizaron en Itatí en las últimas horas. Según el detalle que dio el Ministerio de Seguridad de la Nación (y este diario adelantó en sus ediciones de papel y web) indican que el miércoles, personal de la Prefectura detectó en el barrio Ibiray un movimiento sospechoso y al intervenir logró incautar 23,5 kilos de marihuana. Luego, siguiendo la pista dio con un cargamento más voluminoso: 450 kilos de marihuana. No se informó si hubo detenidos. En tanto, ayer efectivos del Escuadrón 48 de la Gendarmería Nacional también en recorrida por el barrio Ibiray de la localidad de Itatí hallaron un cargamento de 149,5 kilos de marihuana. Esto hace un total de 623 kilos en menos de 48 horas, solamente por la vía itateña. Es saludable el esfuerzo y la dedicación de los uniformados, pero, ¿alcanza? Una ecuación sencilla (y hasta lógica) sería suponer que por cada operativo que resulta exitoso hay otra operación del narcotráfico -de igual magnitud- que logra burlar los controles de las fuerzas de seguridad. Imaginar que todos los intentos de los narcos terminan en fracaso rozaría la ingenuidad. Resultado de uno a uno, podría ser considerado esperanzador. Aplicado a los recientes casos ocurridos en Itatí sería: se desbarataron tres ingresos e incautaron 623 kilos de marihuana, pero al mismo tiempo lograron escurrirse otros tres correos con una equivalencia de 623 kilos. Puede que este parangón sea tachado por exagerado, pero no debe estar muy alejado de la realidad. En caso contrario, no se explica razonablemente la intensidad y el volumen del tráfico, claramente obedece a un negocio floreciente que demanda abastecimiento. s