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Liberados en un mercado libre

El banco central habilitó a comercios y particulares a operar en el mercado cambiario. Los súper, un hotel, una farmacia pueden vender dólares. los arbolitos de siempre y también una hamburguesería.

Lejos de las preocupaciones que enfrentan otros -muchos- argentinos, que disponen de las condiciones mínimas para vivir, los correntinos casi no sintieron el impacto de la volatilidad de la cotización del dólar. Es que aquí la emergencia obligó a la gente a zafar de la inundación, combatir anegamientos y chapalear en el barro, según cada caso, por eso el valor de la moneda norteamericana no motivó atención pese a que tocó un récord de $20,25 en la plaza local. Según versiones, que este diario no pudo confirmar, la cotización rozó, en algún momento, los $20,40, es decir 40 centavos más alto que en la city porteña. No obstante, el precio de $20,25 que rigió el jueves en Corrientes -dato comprobado por este diario- fue bastante más elevado que el predominante en el sistema financiero nacional. Ayer, en esta ciudad el dólar llegó a cotizarse a $20,15, mientras que en Buenos Aires experimentó otro retroceso hasta cerrar en $19,85. En medio del sube y baja, se acentúa la diferencia entre las distintas plazas, las autoridades dicen que habrá que acostumbrarse a estos movimientos.

La descripción viene a cuento porque a mediados de semana, el directorio del Banco Central de la República Argentina sancionó un nuevo marco normativo que habilita a comercios de todos los rubros y personas físicas a operar en el mercado de cambios. De esta manera, un supermercado, una cadena de electrodomésticos, un hotel o cualquier otro negocio podrá adicionar la operación con monedas extranjeras a su actividad principal. Aunque el ejemplo resulte grosero, el carrito de hamburguesas en la costanera, la ruta o en la esquina del barrio más alejado de esta Capital podrá vender dólares, reales, guaraníes o euros, mientras sale una especial con papas fritas. La resolución tiene por objetivo “brindar mayor competencia y transparencia a ese mercado mediante la incorporación de nuevos y diversos oferentes, a la vez de simplificar toda la tramitación respectiva”, sostiene un comunicado de la entidad que preside Federico Sturzzeneger, quien todavía no ha conseguido dominar la inflación. Cualquier individuo, por caso el chipacero de la peatonal Junín, también podrá comercializar divisas foráneas. Se convertirá en el clásico “arbolito”, anexo chipá caliente. Se supone que la nueva modalidad tendrá ciertos controles y aquellos interesados en incursionar como operadores del mercado cambiario deberán reunir determinados requisitos, pero el hecho es que hoy con el sistema restringido únicamente a operadores formales, hay considerables variaciones en las cotizaciones entre bancos y entidades financieras, y a su vez entre las distintas plazas (Buenos Aires/Corrientes) ¿cómo se definirán los valores cuando el mercado quede liberado? ¿Será de fluctuación libre, en función de la oferta y la demanda? Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) “la medida tendrá un impacto positivo en la economía no sólo porque simplifica una operatoria que forma parte de la vida cotidiana de individuos y empresas, sino porque reduce la especulación y elimina la informalidad de ese mercado”. El argumento es atendible y ciertamente lógico, pero en un país donde impera la normalidad. No es el caso de la Argentina. Liberar el negocio cambiario a comercios y particulares en un país donde no existen controles oficiales ni compromiso ciudadano, es casi demencial en términos económicos. ¿Cómo podrá intervenir el Banco Central para frenar una eventual estampida o simples distorsiones en mercados alternativos que se mueven a su propio ritmo, alejados de la tendencia de la city? La muestra es lo que pasó en Corrientes estos días: el jueves el dólar se vendía a $20,25 mientras en Buenos Aires se cotizaba a $20; ayer se vendía a $20,15 y en la city cerró a $19,85. Mejor ni pensar lo que puede cotizar en un supermercado, una farmacia o una hamburguesería.s