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¿El destino o la acumulación?

Duarte murió cumpliendo su deber, no cabe dudas. sin embargo, es necesario meditar respecto de las circunstancias del hecho ¿se pudo haber evitado?

Todavía resuenan los ecos del feroz tiroteo en la localidad de Alvear, que se llevó la vida del comisario inspector Miguel Duarte y también la de José Antonio Da Rosa, alias “Pajarito”, un sujeto de frondoso prontuario criminal. En la Policía de la Provincia buscan cicatrizar la herida que provocó tan impactante episodio, pero el caso encendió una luz de alerta sobre las inquietudes que anida en la suboficialidad y especialmente en los mandos medios, que son en definitiva los que se codean con el peligro todos los días dirigiendo a la tropa. Duarte, a quien apodaban El Tigre, era uno de ellos. Un oficial superior en su seccional, pero al fin y al cabo un mando medio (destacado) en la larga cadena de la repartición policial. La fuerza perdió a un hombre valioso, se fue en su ley, pero vale preguntarse: ¿era necesario que sea así?

Duarte murió cumpliendo su deber, no cabe dudas. Actuó con arrojo y honor, sin embargo es imposible no meditar respecto de las circunstancias que rodearon al hecho. Sobre los antecedentes, las contingencias, pero especialmente sobre lo previsible y lo mucho o poco que se puede torcer si el Estado, sus organismos, funcionan correctamente. Es casi una obligación reflexionar sobre ello y medir hasta dónde la muerte de El Tigre fue obra de un designio trágico, “el destino” como algunos prefieren calificar, o fue el resultado del encadenamiento de tropiezos, ineficacias o negligencias. Si la evaluación, fría y serena, inclina el resultado hacia la última opción, seguramente el dolor será más intenso, pues la conclusión es inequívoca: la muerte pudo evitarse. Sobre este concepto estriba la inquietud que repiquetea en la cabeza de buena parte de los uniformados provinciales en las últimas horas, más precisamente desde que se escuchó el último de los disparos en los suburbios de Alvear. ¿Hay buen equipamiento, armamento, municiones, chalecos, aparatos de radio? ¿La formación táctica es adecuada? En la batalla contra ciertos niveles del hampa, ¿se pisa sobre seguro? Las preguntas están flotando, este diario solamente se ocupa de reflejarlas. Existen aunque disgusten. Ayer, el ministro de Seguridad de la Provincia, Juan José López Desimoni, salió a aclarar que la fuerza cuenta con todo lo necesario para cumplir con su tarea, reconoció que la muerte del comisario Duarte causó un impacto y que se vivió un estado de “conmoción” filas adentro. Se evidenció en el velorio, pero “están trabajando y rindiendo homenaje al camarada muerto”, resaltó. No se espera menos de los hombres y mujeres de la Policía que “son personas absolutamente capaces y en general tienen entrega, son nobles y comprometidos”, los describió Desimoni, quien el día de la balacera, apenas conocida la muerte, calificó al comisario Duarte como “un héroe”. Es conveniente tener presente que hasta los héroes necesitan condiciones adecuadas para hacer su trabajo, en caso contrario serán siempre héroes muertos. Y no es justo. No es justo, por ejemplo, que el oficial de mayor rango encabece el procedimiento sin chaleco antibalas. No es justo que tenga que lidiar, con lo puesto, con un sujeto de alta peligrosidad y bien pertrechado. No es justo que tenga que andar detrás de un criminal que estuvo entre rejas y que la Justicia provincial no pudo, no supo o no le interesó condenar. Este diario lo relató ayer, “Pajarito” Da Rosa se pasó doce años preso, siete de ellos en condición preventiva y los cinco restantes con una condena menor a la que se le imputaba originalmente. El Superior Tribunal de Justicia (Semhan, Chaín, Panseri, Rey Vázquez, Niz) intervino en el proceso que dejó impune al homicida de Duarte. Así, ni el más fuerte de todos los héroes puede contra esto.s