Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/129677

La ecuación que no cierra

Mientras crece la deuda pública, se estaciona (con tendencia a la baja) la utilización de la capacidad industrial. A la par, el gobierno batalla contra Moyano.

La economía sigue sin dar señales de recuperación, apenas muestra algunos atisbos de reacción, y en medio, la Bolsa de Valores y el circuito cambiario, es decir el costado financiero del mercado local, han entrado en un tembladeral que casi siempre concluye con un barquinazo. Pese a la buena predisposición de los medios formadores de opinión, que muestra una paciencia infinita a Mauricio Macri, los augurios no son alentadores, el gobierno de Cambiemos parece cada vez más sumergido en la gestión política, que da rating pero que no suma en los hechos concretos que demanda la realidad para cambiarle la vida a la gente.

La embestida contra los gremialistas, que son también empresarios y que además están salpicados por la corrupción, heterogénea legión que se corporiza en el camaleónico Hugo Moyano, no detiene la inflación, no genera puestos de trabajo, no reduce el déficit fiscal, no alivia la presión impositiva, no sujeta la cotización del dólar. ¿Qué hay que hacer, dejar que el camionero siga adelante y no molestarse en perseguirlo, pues hay otras cosas más importantes en la agenda? De ninguna manera, esta suerte de “manu pulite” es necesaria, sin embargo concentrar todas las fuerzas en esta tarea es una exageración, especialmente porque el barco del país sigue haciendo agua (con el rojo fiscal) y el motor (de la economía) apenas camina. Mientras todos siguen el jaleo del Gabinete Nacional, incluido el Presidente, con el camionero/empresario/sospechoso de corrupción; el ministro de Finanzas, Luis Caputo, licitó ayer bonos por 70.481 millones de pesos, con vencimiento a un año y una cláusula gatillo, además de otros dos títulos por 1.000 millones de dólares en total en Letras del Tesoro, con plazos de 196 y 364 días. “El Gobierno logró emitir deuda justo en un momento de incertidumbre en los mercados internacionales, que golpea los sectores bursátiles de referencia para la plaza local”, dice una crónica especializada. Y razón no le falta, el punto es que la Argentina sigue emitiendo deuda, con la economía a media máquina. Enfocarse en la batalla contra Moyano es un despropósito, sobre todo porque Macri y compañía gastaron dos años de gestión para descubrir que el jefe de los camioneros anda flojo de papeles. También les llevó más de 700 días advertir que los parientes no pueden estar acomodados en los ministerios que la gestión creó, agrandando el gasto público. Como contraste, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer ayer un relevamiento sobre el uso de la capacidad industrial instalada en el país. Es un baldazo de agua fría. El organismo señala que en diciembre pasado se registró la tercera marca más baja de ese año; el promedio del uso de la capacidad instalada durante 2017 fue de 65,3%, mientras en 2016 se había ubicado en el 64,4%. En diciembre fue del 64%, lo que significó además una fuerte caída de 5,2 puntos porcentuales respecto de noviembre anterior, en el que había llegado al 69,2%, el más alto desde que Mauricio Macri llegó a la Presidencia. El informe del Indec detalla que los bloques sectoriales que mostraron niveles de utilización de la capacidad instalada inferiores al nivel general fueron: productos del tabaco (61,8%), caucho y plástico (61,5%), alimentos y bebidas (61,2%), edición e impresión (57,8%), productos textiles (55,7%), metalmecánica excepto automotores (55,6%) y la industria automotriz (38,3%). Así las cosas, mientras crece la deuda pública se estaciona (con tendencia a la baja) la utilización de la capacidad industrial, que de hecho ya es discreta. La explicación es sencilla, se produce poco. Con esta ecuación, es entendible que el camino del entretenimiento sea la política. s