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Una sociedad sin pauta judicial

El caso del policía Luis Chocobar, que mató a un ladrón por la espalda, es paradigmático, demarca una grieta en la sociedad y muestra los demonios que llevan adentro los argentinos.

En diversas ocasiones se ha reflexionado y puesto de resalto en esta columna que la ausencia de un servicio de Justicia fiable, efectivo y ágil es el origen de buena parte de todos los problemas que tiene la Argentina. Responsables de ese déficit son, principalmente, los magistrados, fiscales y funcionarios de ese Poder, presuntamente autónomo e independiente de los otros poderes. En teoría así funciona una República. La genuflexión, indolencia, pusilanimidad o infamia (según sea el caso) de los señores jueces hace que el sistema se corrompa, decaiga, no funcione. Pero no son los únicos culpables, la clase política que anida en el Ejecutivo y el Legislativo tiene cuota parte de responsabilidad, los desvela dominar el martillo o creer que lo hacen. La cosa viene así desde hace mucho tiempo y no hay visos de solución.

El caso del policía Luis Chocobar, que mató a un ladrón luego de asaltar a un turista en el barrio porteño de La Boca, es paradigmático, demarca una grieta en la sociedad y muestra los demonios que llevan adentro los argentinos; al mismo tiempo evidencia el escaso apego al Derecho, que es la plataforma esencial para dictar justicia. Sin respeto por la Ley no hay esperanzas de construir civilidad, entonces todo se resume a espasmos en uno u otro sentido, en permanente colisión. Surgió a raíz de este episodio policial, ciertamente conmocionante, una fuerte controversia sobre la calidad de Chocobar, ¿es un justiciero o un asesino?, y por añadidura la condición del Gobierno de Cambiemos que con el presidente Mauricio Macri a la cabeza salió a brindarle su respaldo, agigantando una polémica de la que no obtendrá nada en concreto, salvo tiempo para distraer a la opinión pública de otros asuntos más importantes y urgentes. En medio de la discusión los interesados en hacer valer el Derecho han quedado en la picota, como el policía Chocobar cuyo compromiso se ha transformado en su perdición. Los hechos son así: Chocobar, de civil y fuera de su jurisdicción, mató por la espalda a un ladrón que huía tras apuñalar a un turista en el barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires. ¿Cumplió con el deber? He aquí el punto que está en discusión. Buena parte de la comunidad considera que actuó como corresponde y otro tanto lo sindica como un pistolero de gatillo fácil. Será difícil acordar una calificación homogénea, para la Ley, el policía se excedió en su función y es pasible de una sanción. Hoy la legislación argentina solamente permite disparar en legítima defensa o para impedir que el delincuente agreda a alguien, no se puede disparar a un delincuente por la espalda por más que haya robado y apuñalado a una persona. Es lo que marca el Derecho, actualmente en vigencia y sobre el cual se debe dictar justicia. El presidente Macri salió a respaldar al policía, avasallando el Derecho. Y no es el Derecho del ladrón, sino de cualquier individuo que está obligado a respetar estos parámetros de ordenamiento social. Hace un tiempo, en provincia de Buenos Aires, un médico mató a un delincuente que pretendió robarle el auto. Terminó preso por exceso en la legítima defensa. ¿Está mal? Puede ser ¿pero por qué el médico tiene que ir preso y el policía recibir el saludo del Jefe de Estado? Con sus declaraciones, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich y el gurú de Cambiemos, Jaime Durán Barba, arrojaron combustible al fuego. Ella dijo que ahora los uniformados pueden disparar sin necesidad de justificar, él fue más lejos, dice que sus encuestas dan a favor de la pena de muerte. Con algunos interlocutores, el macrismo atrasa. Chocobar fue procesado y embargado; el juez que lo dispuso, Enrique Velázquez, también recibió una denuncia y está a tiro del temible Consejo de la Magistratura macrista. ¿Y la Justicia? Bien gracias. s