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El dólar, ¿trastorno calculado?

El dólar, una bestia verde a la que es riesgo­so despertar”, advirtió el analista José Calero. Ayer la divisa marcó otro récord de cotización.

Un dólar arriba de los $20 y una devaluación superior al 7% en poco más de un mes en­cendieron las alertas sobre el punto más flojo del programa económico que trata de imponer Cambiemos: sus limitaciones para poner en caja la inflación y encarar transformaciones indis­pensables. Desde diciembre, el valor de la moneda norteamericana subió 15%, es decir son 15% que se deprecia el peso argentino y eso empuja hacia arriba a los precios en general (léase: más inflación), aunque los gurúes del mercado vaticinan que no están dadas las condiciones para una corrida cambiaria, la reali­dad marca que cualquier vientito hacer sentir escalo­fríos.

El presidente Mauricio Macri insistió en la última reunión de Gabinete en que la llave para re­ducir la pobreza es que el costo de vida vaya convergiendo hacia 2019 por debajo del 10%. Tam­bién sabe que ésa puede ser la única opción de que su proyecto tenga chance de reelección, por­que el malhumor social ha creci­do en forma exponencial desde noviembre último, cuando se consolidó el festival de tarifazos mientras la economía no crea el empleo esperado.

El otro frente complicado se vincula con el alza de tasas de interés, pero Luis Caputo, el “señor deuda”, intentó llevar tranquilidad al asegurar que la Argenti­na se adelantó al ajuste monetario que se viene en los Estados Unidos, cerrando la toma de buena parte de las necesidades financieras de este año. “Nos antici­pamos y cubrimos ya buena parte del financiamien­to. Eso nos permite estar tranquilos”, dijo “El mago”. Igual, subsisten las dudas sobre si el probable giro fi­nanciero internacional no sería capaz de terminar con el supuesto gradualismo fiscal defendido por la Casa Rosada.

Un ajuste de alto calibre, con un 30% de pobreza y un conglomerado de movimientos sociales, sindicatos y fuerzas políticas capaces de ganar la calle, crearía una complicación de impredecible resultado. Algo de responsabilidad, sino mucha, le cabe al Presidente en esta delicada coyuntura. Algunos le cuestionan haber preferido administrar en lugar de conducir la solución de la herencia kirchnerista, y eso se tradujo en tasas altas, dólar barato, endeudamiento, todo lo cual re­dunda en menor actividad y mayor inflación. El Banco Nación salió a vender 400 millones de dólares en el úl­timo día de una semana complicada. Fue cuando pa­recía que el dólar podría llegar a los $21 pesos, un nivel que sonó a demasiado en los oídos del jefe de Estado.

Tal vez Caputo tenga razón y la pelota la tenga bajo la suela, pero se debe tener en cuenta que aún resta conseguir US$20.000 millones para afrontar las obligaciones previstas en 2018, lo cual no es poca cosa. Todo con una balanza comercial que genera preocupación creciente, con un rojo cercano a los 8.500 millones.

A esto se suman otros 10.000 millones de dólares que se eva­poran por turismo, demostrando al menos dos cosas: la divisa es­tadounidense está retrasada en la Argentina y, casi al filo de la psi­cología, uno de los sueños aspira­cionales más importantes de los argentinos parece ser viajar al exterior, sea Brasil, Chile, Miami, Nueva York, Europa o el Sudeste asiático. No tendría nada de malo si no se estuviera frente a una sequía de divisas.

El presidente Macri sabe que de no poner en caja la inflación y reanimar el consumo, la continuidad del proyecto Cambiemos será complicada. Salvo que, una vez más, apueste a que enfrente suyo se plante como mascarón de proa el ultrakirchnerismo.

En el macrismo siguen creyendo -tal vez con exceso de confianza- que en cualquier escenario ganarían si enfrente están Cristina Fernández y sus acólitos, ese grupo político al que el mandamás de Fiat Argentina, Cristiano Rattazzi -siempre ajeno al uso de eufemis­mos- llamó “Alí Babá y los 40 ladrones”.