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Un augurio poco alentador

El pavimento cambia la fisonomía de los barrios y sobre todo transforma la realidad social de esa comunidad. Sucede que el pavimento es progreso.

Aunque se hizo mucho en materia de infraestructura en las últimas dos gestiones en la Municipalidad de Corrientes, en la agenda todavía queda una larga lista de asuntos pendientes por resolver; obras que los vecinos esperan desde hace tiempo y que, pese a la evidente necesidad, se demoran en concretar. En ese paquete entra todo, desde la iluminación en la vía pública, hasta la parquización, pasando por el pavimento, el bacheo, el arreglo y constitución de veredas, los desagües pluviales, la semaforización que está atada a la regulación y ordenamiento del tránsito, la señalética, el estacionamiento, el barrido y limpieza, la recolección de basura, es decir todo lo que resulta indispensable para vivir en una ciudad con categoría de Capital de la provincia y que como tal impone tributos dolorosos para el bolsillo de sus vecinos. Le corresponde al Municipio garantizar las condiciones, mínimas, de urbanidad.

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Ahora bien, ¿hay alguna prioridad, una necesidad que sobresalga y amerite tratamiento urgente por parte de las autoridades? Seguramente cualquier urgencia que se invoque estará circunstanciada por el peticionante y hay tantas urgencias como peticionantes. Si se hiciese un ranking de las demandas vecinales, muy posiblemente no estará lejos de los primeros lugares el reclamo de pavimentación. ¿Estará primero, segundo, tercero? Difícil precisar la ubicación sin una encuesta seria que lo respalde, pero es un hecho que para gran parte de los correntinos que viven -y sufren- en la Capital, la pavimentación de calles es imprescindible. Una obligación. Cuando comenzó la gestión de Carlos Espínola, la ciudad de Corrientes tenía más del 70% de las calles de tierra, cuando terminó su mandato Fabián Ríos, transcurrido ocho años y dos mandatos del mismo signo partidario, ese número había bajado a menos de 50%. Fue un gran salto en infraestructura urbana, que permitió cambiar la fisonomía de distintos sectores de la Capital y sobre todo transformó la realidad social de esas comunidades. Sucede que el pavimento siempre constituye progreso. Es verdad que la planificación del trabajo de pavimentación, especialmente en la gestión de Ríos, tuvo errores, gruesos, que derivaron en otros inconvenientes, pero aun así el avance fue significativo. El drama de los anegamientos como consecuencia de la deficiencia en el tendido de redes de desagües pluviales no configuran un problema insalvable, se puede resolver. Es solucionable y una vez concretado se disipa el obstáculo y queda la obra base y transformadora, el pavimento. Según parece, la actual gestión municipal tiene decidido atacar el problema de los anegamientos y concentrar esfuerzos y recursos en la red de desagüe pluvial. En las últimas lluvias torrenciales buena parte de las calles de la ciudad quedó bajo agua, en el centro, en el ámbito de las cuatro avenidas y también en la periferia. Claramente es una urgencia, pero que no debe ir en detrimento de otras necesidades. Ayer un funcionario de la gestión del intendente radical Eduardo Tassano adelantó que la pavimentación no es una prioridad, este año se concentrarán en el problema de las inundaciones. El anuncio no da muchas esperanzas, especialmente porque el famoso plan hídrico que vienen meneando el Gobierno provincial y municipal (ahora con apoyo de la Nación) está bastante lejos de comenzar y mucho más lejos de mostrar resultados. “Llevará por lo menos dos años”, ya dijeron, y lo repitió ayer el secretario de Infraestructura de la Municipalidad de Corrientes, César Durbal Olguín, quien se sinceró: este año no habrá pavimento, como mucho, bacheo y arreglos de calles de tierra. ¿Llevará dos años, a partir de cuándo? Pregunta sin respuesta. Y mientras tanto, ¿nada de pavimento? Augurio poco alentador.s