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Un trabajo profundo que luego de mucho tiempo llegó al libro

Antígona, una experiencia teatral que desnuda la trata de niños en Corrientes

Hace 20 años Mauro Santamaría y el grupo Raíces, de la mano de Susana Bernardi, llevaron esta investigación a escena.

Como obra de teatro fue pensada, estudiada y puesta en escena hace 20 años por el grupo Raíces, de Monte Caseros. En ese momento su directora, Susana Bernardi, contó con la colaboración de Mauro Santamaría, con quien habían realizado un taller de capacitación en la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe (Eitalc). Hoy, 20 años después, “Antígona, la voz otra” se convirtió en un libro que tiene como objetivo que los interesados en el teatro puedan consultar esta puesta en escena basada en un trabajo de investigación que ambos realizaron en los años ‘90 sobre el tráfico de niños en Corrientes. Una lucha que tenía como cara visible a Marta Pelloni, a quien ellos considerarían luego la Antígona correntina. “Los objetivos que llevaron al grupo Raíces a realizar esta obra fue la idea de mostrar un trabajo de investigación y experimentación con una estética sobre teatro antropológico y oriental, basado en técnicas aprendidas por el grupo en los talleres de la Eitalc, dictados en La Habana, Cuba y en México. El trabajo consistió en traducir esas técnicas a nuestra realidad histórico social, con el objetivo de arribar a una lectura contemporánea de la Antígona de Sófocles en la figura de una monja que se enfrentó a principios de los ‘90 a las estructuras del poder denunciando el tráfico de bebés”, explicó Mauro Santamaría. Ahora ¿por qué Antígona? En el mismo libro, Susana Bernardi explica que una vez leyó que la mujer es agua estancada, el hombre es fuego que arde y actúa, pero ¿qué pasa cuando la mujer es fuego y actúa? Antígona sería la respuesta. Desde hacía tiempo el tema de la mujer preocupaba a Susana Bernardi. La movilizaban internamente la discriminación, el sometimiento, el analfabetismo, la indiferencia, en fin, todo lo que tiene que ver con este planeta de mujeres y hombres. Su accionar para hacer visible todo esto no sólo fue un trabajo realizado desde el teatro, sino también desde la política, la docencia, el periodismo radial. Desde los ángulos y espacios con los que contó en ese momento. “La obsesión de Raíces fue siempre si ¿existiría una Antígona, dónde, quién?”, comentó la artista montecasereña. La respuesta la obtuvo un 11 de octubre de 1993, cuando a su casa llegó la revista La Maga, allí vio la foto de una monja y, en ese instante, se dio cuenta de que no sólo existía una Antígona, sino que estaba en Corrientes. Fue esa misma mujer la que tiempo después les daría una entrevista a ella y a Mauro Santamaría, de esa charla y de muchas horas de indagar en revistas, diarios y entrevistas de televisión nació la historia. “Y una vez más fuimos fieles al objetivo de Raíces: desnudarnos, aunque nos duela”, afirmó orgullosa Susana Bernardi. Para Mauro Santamaría era la primera vez que se atrevía a abordar un clásico. Además de tener respeto, escasas fueron las puestas de obras clásicas que le interesaron. La mayoría, incluso extranjeras, lo aburrieron terriblemente, confesó. Inicialmente esto lo hizo dudar mucho llevar adelante este proyecto. Es más, confesó que no estaba muy entusiasmado. “Experimentaba la sensación de encontrarme a solas con mi angustia, encerrado a oscuras en mi habitación sin saber por dónde buscar la salida”, reconoció. La guía fueron las intensas investigaciones realizadas por Susana Bernardi, quien lo acercó a la premisa básica, el motor que generó el argumento: la búsqueda de la Antígona contemporánea. A partir de esa consigna y el hallazgo de la misma se logró el proceso que finalmente condujo a la concreción de la obra de teatro. “En historias de las mujeres, dice: Los dioses dotaron de voz a Pandora, la primera mujer y a partir de entonces, las voces femeninas pueblan de murmullos”, afirma Susana Bernardi. Y agregó: “Cuando nuestro personaje dice: No me puedo callar, si lo hiciera sería cómplice. Me pregunto porqué otra voz no se escuchó antes. ¿Dónde estaban las asistentes sociales, enfermeras, monjas, doctoras y demás? No sabían o se callaban. ¿O no poseían una estructura de poder para desafiar y estar protegidas? Evidentemente ese no me puedo callar es La voz otra, la que según Octavio Paz se edifica frente a una prohibición”. Antígona fue estrenada en Corrientes en 1994. Invitada por la Dirección Nacional de Teatro se presentó en Buenos Aires en 1997, con excelentes críticas. La obra “Antígona Pelloni. La voz otra”, de Mauro Santamaría, a cargo del grupo de teatro Raíces, de Monte Caseros, formó parte del ciclo “El teatro de cámara de las provincias llega a la capital”. Los intérpretes fueron: Susana Bernardi, Sebastián Cardozo, Cacho Fernández y Miki Brodón, el asistente de dirección: Walter Fernández; la puesta en escena y dirección estuvo a cargo de Mauro Santamaría. Con una duración de 50 minutos subió a escena en el Teatro de la Fábula, Agüero 444. Hoy, la obra puede ser leída, revisada y puesta en escena por los grupos de teatros correntinos y del país. Dos décadas después de haberse plasmado en una historia ficticia, a través del libro editado podría ser llevada una vez más a los escenarios sin temor a que la historia carezca de realismo y diste de los hechos que suceden actualmente. Todo lo contrario. Quien tuvo la oportunidad de ver “Antígona Pelloni. La voz otra”; se habrá sentido frente a una tragedia griega, pero con imágenes que les fueron comunes en algún momento de su vida. “Y eso ya es bastante”, señaló Mauro Santamaría, en diálogo con este medio.s