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Usurpación, un pasado que observa

En las últimas dos décadas se construyeron muy pocas viviendas sociales, con el argumento de la falta de sintonía con la Nación. Así pasaron años de falta de inversión, sin siquiera intentar gestiones o bien construcciones propias de la provincia para paliar la crisis que hoy golpea a casi 50 mil comprovincianos.

Entre las efemérides locales, la fecha que se recuerda hoy marca una cruda realidad, el impacto de la crisis habitacional en los sectores más vulnerables de la sociedad. Se cumplen tres años de la usurpación de un predio en el barrio Patono, ubicado en la zona Sur de esta Capital.

Hoy con más de 100 familias, el predio lindero a la curtiembre avanzó en su densidad. El barrio que lleva el nombre de un prominente comerciante de décadas pasadas, se constituyó como parte del mapa local con este tipo de construcciones de emergencia. Así el Patono sumó su nombre a predios ocupados del Pirayuí, 17 de Agosto, Galván, Quilmes, y tantos otros que marcan una realidad muchas veces invisibilizadas por las autoridades. Pero más allá de la fecha puntual, lo cierto es que en la Capital se sucedió una ola de ocupaciones en diferentes puntos, como consecuencia de la alta demanda habitacional que se generó por la falta de inversión en la materia. En las últimas dos décadas se construyeron muy pocas viviendas sociales, con el argumento de la falta de sintonía con la Nación. Así pasaron años de falta de inversión, sin siquiera intentar gestiones o bien construcciones propias de la provincia para paliar la crisis que hoy golpea a casi 50 mil comprovincianos. Los registros en el Instituto de Vivienda de Corrientes son lapidarios: la lista de espera es encabezada por pedidos registrados en el año 2000. Esa situación de colisión entre la provincia de Corrientes y la administración nacional dejó su estela en los asentamientos, donde están depositadas las esperanzas de los correntinos por una vida mejor. Y esta situación se replica en la mayoría de las ciudades del interior, con anhelos postergados y realidades que golpean la moral de los que esperan una vivienda. Y más allá de las ocupaciones que se multiplican, aquellos que no toman esa decisión aún permanecen esclavos de los alquileres que, por la alta demanda, tienen un valor que supera la posibilidad de poder conjugar con un buen pasar, teniendo en cuenta también los magros sueldos correntinos. Esa mezcla tortuosa de padecimiento permanente tiene, sin embargo, un pasado que lo observa, en un tiempo de prosperidad que duró cuatro años. Entre 1993 y 1997, el gobierno de la provincia construyó casi 25 mil viviendas en sus diferentes modalidades: de demanda libre, de Esfuerzo Propio y Ayuda Mutua (Epam), y las construidas en lotes propios (plan Shili). La ingeniería financiera diagramada desde el Invico llevó a que los recursos sean optimizados a pleno, y así con dinero para una menor cantidad de casas se consiguió esa cifra, récord en la historia de la provincia. Fue el compromiso que había asumido el entonces gobernador Tato Romero Feris con los correntinos para superar la instancia de desasosiego que por años había acaparado el ánimo de quienes necesitaban una vivienda y muchas veces veían que no llegaba su tiempo. Fue incluso que en ese tiempo se instauró el sorteo público de las casas, dando real transparencia a la entrega de las unidades habitacionales. Quedan hoy en la presencia capitalina los barrios Quintana, Cremonte, San Jerónimo, Juan XXIII, entre los tantos que surgieron, y las ampliaciones de los existentes que llevaron a hacer cumplir el anhelo de muchas familias: la de la casa propia. Lejos de aquello, en la memoria de los beneficiarios quedó la entrega de las llaves como momento de plena felicidad, el que ahora se replica a cuentagotas y lejos de ser una conducta de gobierno. s