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El mercado nervioso

El dólar sigue escalando esmerilando la política antiinflacionaria. Según el Indec, los salarios perdieron 4,5% en el primer trimestre respecto a la inflación.

En medio de la tormenta que afronta el Banco Central de la República Argentina (Bcra) para mantener a flote la política monetaria y, de paso, la lucha antiinflacionaria que se encuentra atada entre otras variables al comportamiento del volátil mercado cambiario argentino, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) ofreció ayer datos sobre la evolución de los salarios que dejan en evidencia un notable retraso respecto del aumento de precios y tarifas. La diferencia acumulada en el primer trimestre del año es de 4,5% a favor de la inflación, es decir pierde el bolsillo de los asalariados. Es verdad que quedan nueve meses (ocho, en realidad, porque abril ya está agotado) para equilibrar la balanza y emparejar el marcado, sin embargo todos los pronósticos son desalentadores.

En las últimas horas, el centro de investigaciones en finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella anunció una corrección a su proyección inflacionaria anual, ahora es del 25%. Su último pronóstico, en marzo, era que la inflación anual llegaría al 20%, varios puntos arriba de la meta que estableció el gobierno de Mauricio Macri a través del Banco Central. La expectativa definida por la prestigiosa Universidad Di Tella es coincidente, números más o menos, con las proyecciones elaboradas por consultoras privadas, economistas e instituciones académicas. A propósito, ¿por qué la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) no incursiona en este tipo de estudios que son esenciales para particulares, empresas y gobiernos de la región? ¿No quiere hacerlo o no está en condiciones? Aquí, en Corrientes (y por vecindad en el Chaco) lo que se hace ahora es medir la evolución inflacionaria en el marco del nuevo sistema que utiliza el Indec, pero no hay trabajos a fondo, más allá del mero relevamiento, que expliquen el escenario y anuncien lo que podría ocurrir en el Nordeste. En concreto, no hay datos propios. Como sea, los indicadores extraoficiales advierten sobre un cuadro complejo, pero el gobierno de Cambiemos mantiene el optimismo, al menos de la puerta hacia afuera. Ayer el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne (que tiene todos sus ahorros en el exterior, y no se avergüenza de ello) dijo que “no hay que ponerse nerviosos” frente a la nueva escalada de la cotización del dólar que llegó a los $21 y forzó a la intervención del Banco Central para estacionarlo al final de la rueda en $20,88. En el mercado paralelo, que cada vez amplía más su radio de acción, la divisa norteamericana ya rige hace varios días en los $21, lo mismo sucede en Corrientes. La plaza local no es significativa, pero el dato de la cotización del dólar (a $21,15) es ilustrativo, y doloroso para aquellos que están obligados a hacer operaciones con la moneda extranjera. Más allá de los dichos de Dujovne y la aparente calma que intenta mostrar el oficialismo, el hecho es que el Banco Central se lo toma muy en serio, tanto es así que reunió de urgencia al Comité de Política Monetaria y de un sablazo subió la tasa de interés de referencia 3 puntos porcentuales, hasta 30,25%. Fue una movida tan inesperada como contundente: el dólar se había disparado por encima de los 21 pesos, rozando los 22 en Mendoza y otras ciudades del interior, y tras la suba de la tasa el tipo se desinfló. La pregunta es: ¿por qué tanta tensión en el mercado? Los entendidos responden que se debe a la conjunción de acontecimientos locales y externos, pero también por la acumulación de errores no forzados que fueron deteriorando la confianza en la autoridad monetaria. La subestimación de los problemas macroeconómicos y la elección equivocada de la política monetaria (alimentando la bicicleta financiera a costa de las arcas estatales) dan por resultado un empantanamiento cada vez más espeso. s