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El alto costo de la obstinación

Ahora el riesgo ya no es la suba del dólar ni la inflación incontrolable ni el déficit imparable, es todo eso más la brutal especulación financiera y la parálisis productiva.

Efecto corto tuvieron las medidas que anunció el viernes el gobierno de Cambiemos para frenar la corrida cambiaria que disparó la cotización del dólar hasta los $23,30 la semana pasada. El remedio funcionó apenas un día, el lunes y con resultado parcial. Ayer volvió la agitación al mercado y el dólar arrancó la jornada con valor de $23,50 (otro récord) que luego se fue desinflando (pero no mucho) hasta cerrar en $22,80 para la venta minorista según la cotización del Banco Nación. En medio de la rueda habló el presidente Mauricio Macri que formalizó el anuncio mejor guardado: Argentina volverá a endeudarse con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Monto y condiciones aún no se definieron, pero casi ni importa, el hecho es que el ciclo del endeudamiento con un prestamista harto conocido se vuelve a repetir.

¿Será diferente esta vez? Difícil de saberlo, lo que está claro es que la crisis en ciernes responde a los mismos factores de siempre, prácticamente un calco de lo que ha ocurrido en otros períodos, con otros gobiernos. Mauricio Macri, evidentemente no es mejor timonel que otros que estuvieron antes y que también pusieron al país al borde del naufragio. Si es necesario recurrir al Fondo Monetario, aunque sea “preventivamente” como dijo el Presidente y repitió su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne (que anoche partió raudo a reunirse con los prestamistas), es porque la catástrofe domina la hoja de ruta. Nadie pide “por si acaso”. El sofisma al que apeló el Gobierno para tratar de disimular el riesgo que enfrenta la Argentina suena estúpido, como buena parte del modelo que viene aplicando y la pertinaz obstinación del macrismo en machacar con una receta que ha fracaso no una sino varias veces a lo largo de la historia argentina. “Endeudarse preventivamente”, la frase está destinada a ser recordada en la historia del mamarracho político, como el “crecimiento invisible”. No es casualidad que ambas hayan sido acuñadas por la misma persona. Así le va al país. El problema hoy no son las frases idiotas sino la ausencia de inteligencia para advertir que sin pericia no hay posibilidad de entender la crisis y, menos aún, de resolverla. Quedó demostrado con la conducta de la administración Cambiemos, llegaron demasiado lejos con los errores, hoy el Fondo Monetario Internacional es el único resguardo a la tormenta perfecta que se avecina. Ahora el riesgo ya no es la suba del dólar ni la inflación incontrolable ni el déficit imparable, es todo eso más la brutal especulación financiera y la parálisis productiva. En una semana, el próximo martes 15 de mayo se producirá el megavencimiento de las Lebac, unos $678.000 millones, equivalente al 55% del stock total en circulación. Este volumen representa casi 30.000 millones de dólares, si por alguna extraña razón todos los tenedores decidieran ir al mismo tiempo a retirar su capital y el interés correspondiente el Banco Central de la República Argentina quedaría en bancarrota. Las reservas líquidas del Central totalizan unos 22.000 millones de dólares (lo demás son papeles de deudas, etc.) de tal modo que no le alcanza para pagar el negocio de las Lebac. Y eso que vencen solamente la mitad del stock. Hace bastante tiempo (en sucesivas columnas) este diario ha venido advirtiendo sobre el peligro de la bicicleta financiera. No lo dice NORTE de Corrientes, sino los principales economistas, ahora el drama se puede palpar y en la Rosada dejaron de volar, probarán solución con un prestamista conocido. El FMI ya adelantó que está dispuesto a ayudar, seguramente llegarán fondos frescos y la Argentina sorteará la contingencia. La pregunta es: ¿a qué costo? s