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El ciclo de deudas y ajustes

Pedirle plata al FMI constituye una medida que les da escalofríos a los argentinos.

La sorpresiva decisión de ir a pedirle plata al Fondo Monetario Internacional (FMI) refleja las enormes dificultades del Gobierno para encauzar la economía en un escenario de suba de tasas, déficit fiscal y comercial, endeudamiento y fortísima apreciación del dólar, que ayer perforó el techo de los 24 pasos y alcanzó otra marca histórica, que tuvo que ser desinflada con una fuerte intervención del Banco Central de la República Argentina (Bcra). El esfuerzo oficial para contener a la divisa norteamericana habría costado unos 1.000 millones de dólares, que salen de las Reservas; en lo que va del año ya llevan gastados casi 9.000 millones de dólares en este asunto. Está claro que la administración de Mauricio Macri no encontró la fórmula para controlar el escenario financiero y hacer funcionar la economía, por eso vuelve a tocar el timbre del histórico prestamista.

Aún no está claro si serán 20.000, 30.000 o más los millones de dólares que el organismo multilateral le habilitará al país, con aval de los Estados Unidos, su principal accionista. Pero el hecho de haber decidido volver a endeudarse con el Fondo ya tiene connotación negativa para la mayoría de los argentinos que sufrieron alguna de las numerosas crisis de las últimas décadas. La más cercana fue la del 2001, demasiado fresca en el recuerdo, y en la que el FMI desempeñó su rol, ya que venía poniendo al país como ejemplo desde los ‘90 hasta que la convertibilidad explotó en mil pedazos y la gente fue a golpear la puerta de los bancos para exigir su dinero. En 2005, cuando Néstor Kirchner decidió saldar en efectivo los 9.800 millones de dólares adeudados al organismo para sacárselo de encima, muchos fantasearon con que nunca más se volvería a depender monetariamente del controversial Fondo. Duró poco el sueño, otra vez la Argentina está en el mismo sitio. El FMI tiene mala prensa, y no precisamente por el escándalo sexual que lo sacudió en 2011 y le terminó costando el puesto a su entonces titular, el licencioso francés Dominique Strauss-Kahn, arrestado por abusar de una camarera en un hotel de Estados Unidos. Su sucesora fue la también francesa Christine Lagarde, quien debe trabajar duro para revertir la mala imagen del organismo, muy cuestionado, por ejemplo, por no advertir la megacrisis de las hipotecas del 2008 que provocó un tembladeral mundial, que afectó seriamente a los Estados Unidos. Los mayores cuestionamientos hacia el FMI pasan sobre todo por su objetivo de imponer durísimas recetas de ajuste a los países deudores, como ocurrió con la Argentina en los ‘80 y ‘90, y más recientemente en Grecia y Turquía, con resultados ya conocidos. ¿Será ese el futuro que le esperará a la Argentina luego de que se firme el acuerdo Stand-By? Es probable, porque lo primero que miran los técnicos del FMI es cómo garantizar la capacidad de repago de deudas que tiene el país, y exigen actuar en consecuencia. Hasta ahora el Gobierno defendió enfáticamente la decisión de continuar con el “gradualismo” en el ajuste de las cuentas. Y Lagarde coincidió con esa estrategia. La duda que asoma ahora es si la administración de Cambiemos y el FMI interpretarán al gradualismo de la misma manera. Habrá que ver la letra chica del futuro acuerdo con el Fondo para conocer la respuesta a este interrogante, en ese sentido los analistas no descartan que el organismo exija a la Argentina un ajuste aún mayor para este año y nuevas reformas, más profundas en materia laboral y previsional. En medio de este escenario, muy complejo, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pidió tranquilidad porque la historia “no siempre se repite”. Es bueno recordar que Marx dijo: “La historia se repite primero como tragedia, después como farsa”.s