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El contrasentido de morir al dar vida

En el caso del hospital Llano claramente hubo, en principio, desatención médica. Lo que ocurrió después debería ser motivo de una minuciosa investigación con la justicia activa.

A Ramona Analía Armúa (de 31 años) ser madre le costó la vida. Es un contrasentido, pero en la provincia de Corrientes donde el servicio de salud es un derecho sin garantía oficial, el sublime acto de la maternidad puede constituir un riesgo y de hecho así fue con esta mujer oriunda de Itá Ibaté que murió luego de dar a luz un varoncito, que afortunadamente está bien, pero injustamente huérfano. Las causas que desencadenaron el fallecimiento se desconocen y tanto hermetismo existe en torno al episodio que ahora todo tiene tufillo extraño, tanto como que Ramona terminó pariendo en el baño de la habitación que ocupaba en el hospital Llano de esta ciudad.

Si ya es extraordinario que en lugar de la sala de parto el nacimiento se produzca en el inodoro porque no fueron atendidas las señales de apuro de la parturienta, más oscura se vuelve la historia si esa madre muere tres horas después de una cirugía de urgencia a la que tuvo que ser sometida como consecuencia de un problema que suele ser común, pero letal en el puerperio. Claramente hubo, en principio, desatención médica, lo que ocurrió después debería ser motivo de una minuciosa investigación, que el hospital ubicó en el rango del sumario administrativo mientras la Justicia se despereza en su poltrona. Quizás estaba escrito, era su destino pues el primer parto (era madre por segunda vez) había tenido también complicaciones, sin embargo inclinarse dócilmente hacia este pensamiento determinista facilita la respuesta sin razonamiento, sin certeza, y mientras tanto se siguen muriendo madres y también niños en los hospitales públicos. No por nada la provincia de Corrientes ostenta el triste récord nacional de mortalidad infantil y neonatal. Está arriba de los dos dígitos, es la única jurisdicción en esa condición. Es necesario que se llegue a la verdad, por la memoria de Ramona, para que su vida no se haya apagado sin sentido, por su marido, Daniel Molina, un humilde albañil itaibateño que ahora tiene que lidiar en soledad con dos críos, pero sobre por los dos pequeños que no tendrán a su madre. También es necesario el esclarecimiento para limpiar de ingratas sospechas al personal del hospital Llano que carga por estas horas con una muerte, justamente en el lugar donde tiene que prevalecer la vida: en una maternidad. Esto último lleva a revisar también el cuadro general, del cual Ramona Analía Armúa es un emergente. Su caso, muy probablemente esté repleto de peculiaridades que configuran un diagnóstico médico especial, sin embargo no debe pasar por alto el hecho de que, como muchas otras parturientas que solamente tienen el sistema público, se vio obligada a abandonar su pueblo para buscar mejor atención en la Capital. Más seguridad, dentro del mismo servicio sanitario provincial. No lo consiguió. Itá Ibaté, un pueblito de poco más de 4 mil habitantes que pertenece al departamento de General Paz, tiene prácticamente tasa de natalidad negativa, sucede que no hay maternidad y las parturientas tiene que trasladarse, en el mejor de los casos, a Ituzaingó, sino hasta la ciudad de Corrientes. El hospital de Itá Ibaté apenas puede con la rutina y emergencias menores. El intendente (Walter Almirón) describió la pobreza del lugar y dijo -en diálogo con NORTE de Corrientes- que vuelcan entre 60 y 80 mil pesos por mes para solventar los pasajes de los vecinos que tienen que atenderse en los hospitales más grandes, como los de la Capital. Entre esos viajeros hay que computar a la pareja de Ramona y Daniel. El último Censo del Indec dice que en General Paz, en una década, desde 2001 a 2010, la población creció 0,4%. Un total de 61 personas para todo el departamento. Casi no hay nacimientos y es lógico, no hay maternidad.s