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Despidieron los restos de la religiosa

Destacaron el legado de bondad y caridad de la Hermana Magdalena

La comunidad educativa y religiosa de la misericordia la recordó como “una madre para todos”. Tenía el don de “reconfortar el corazón”.

Con congoja, la comunidad católica y religiosa de la Misericordia despidió a Magdalena, monja que durante 60 años fue el pilar espiritual y pedagógico de la institución. Ayer, la escuela ubicada en la calle 9 de Julio y Buenos Aires se colmó de alumnos, ex alumnos, profesionales y grupos familiares que se acercaron a brindarle el último adiós. La religiosa falleció el domingo, a los 85 años, tenía 19 cuando ingresó a la escuela Nuestra Señora de la Misericordia como maestra de un grupo de internas de tercer grado. “Era la madre para nosotros y una abuela para los chicos. Siempre tenía una palabra de aliento. Cuando uno tenía un problema siempre te recibía y salías con una sonrisa o con un dulce. Regalaba a los niños estampitas para aconsejarlos, para orientarlos, daba una oración para todos los que necesitaban, sean de la comunidad educativa o un familiar. Tenía esa mirada de abuela y esas manos que siempre, con su caricia hacían reconfortar el corazón y devolvernos la sonrisa”, comentó, a NORTE de Corrientes, Julia Rodríguez, rectora del centro de formación profesional Misericordia. Las palabras de cariño hacia la religiosa se replicaron en todo el personal del establecimiento, que suspendió sus actividades para velar los restos mortales. “Ella fue una madre para nosotros, estaba pendiente de todos, de cada una de nuestras familias, porque ella extendía ese amor. Nos acompañó en las buenas y en las malas, y siempre tenía las palabras exactas”, señaló Marcela Duarte, directora del nivel inicial. “Yo le decía: Hermana, usted les inspira el espíritu, porque cada mensaje llegaba al corazón de cada uno”, agregó. También Mónica Lezcano, directora de la escuela primaria, señaló que guarda “los mejores recuerdos” de la religiosa, ya que no sólo es ex alumna de la institución, sino que también al concluir su formación docente Magdalena le abrió las puertas de la Misericordia. “Todos los días, a las 6.30, nos esperaba sentada en la capilla para hacer la primera oración de la mañana, que era nuestra rutina de todos los días, finalizada la oración con el personal íbamos al primer patio a recibir a los alumnos, hacíamos la oración y toda la mañana estaba a disposición nuestra para lo que necesitáramos. Estaba jubilada desde hace unos cinco años, pero jamas dejó de ser nuestro pilar y de estar al tanto de todo, de lo pedagógico, de lo administrativo, pero sobre todo de lo espiritual”, agregó. La tarea en la institución continúa, con el legado que dejó la monja: la bondad, la caridad y la educación con amor. Su nombre era Rosa René Lima Páez, correntina, del barrio La Cruz. Estudió en la escuela Centenario y se recibió de maestra en la escuela Normal. Recibió el nombre de María Magdalena del Corazón de Jesús en 1961, luego de cumplir los tres años de noviciado en Rosario. s