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Una riesgosa pendiente

“La conducción errática y confusa de la política cambiaria ha sido como pegarse un tiro en los pies”, dijo el economista Martín Alfie.

La imparable disparada del dólar, que parece no encontrar techo y quedó al filo de los $30, encuentra al Gobierno de Cambiemos acorralado entre uno de los escenarios internacionales más adversos de los últimos años y una situación interna jaqueada por la recesión, el rojo comercial, el déficit fiscal y un delicado cuadro social. La devaluación tiene tal potencia que es capaz de desbaratar cualquier otro dato oficial. El hecho de que el dólar haya trepado de $20 a $29 en lo que va del año tiene una capacidad de daño arrolladora para cualquier política.

Ayer la divisa norteamericana cerró en la city porteña a $29,57. A media mañana, cuando en Buenos Aires -que marca el pulso del país- se percibía que la cotización iba hacia arriba, aquí en Corrientes el dólar ya se comercializaba en casas de cambio y bancos a $29,80. Así arrancó y se mantuvo hasta llegar a los $30. El economista Martín Alfie advirtió que la volatilidad cambiaria es consecuencia de la “política errática del Banco Central” y consideró que la suba del dólar provocará que la inflación de junio y julio esté “por arriba del 3%”. Hasta mayo, el acumulado de inflación daba 11,3% (Indice de Precio al Consumidor), de tal manera que si se agregan tres puntos llegará a 15% en un semestre. Es decir que el Gobierno erró su pronóstico de 15% total por un semestre. Según Alfie, “la conducción errática y confusa de la política cambiaria ha sido como pegarse un tiro en los pies”. El analista José Calero (Noticias Argentinas) señaló que el mayor riesgo para la administración de Mauricio Macri es que la capacidad devastadora de la divisa estadounidense haga naufragar todos los intentos del Gobierno de encaminar una economía golpeada desde todos los frentes. Se sabe que Mauricio Macri, poco afecto a los cambios, debió despedir al jefe del Banco Central (Sturzenegger) y jugar la carta de Luis Caputo -ponderado por los mercados- para tratar de contener la devaluación, a la vez que buscaba el paraguas de los US$50.000 millones del Fondo Monetario. Pero nada parece alcanzar ante la desmesurada demanda de dólares por parte de grandes y pequeños inversores. A esta altura se podría preguntar qué hubiese sido de su gobierno si no obtenía semejante respaldo internacional. Como pirañas, los dueños del dinero aprovechan el delicado frente provocado por los déficits gemelos, fiscal y comercial, y la necesidad de financiamiento de la Argentina. El mercado marca el ritmo. Este detalle ya fue señalado en los últimos días en esta columna; el acuerdo con el FMI, lejos de calmar las aguas parece haber agitado el fondo del mar. Hay dinero disponible y eso siempre genera intereses. Ni siquiera la decisión de Morgan Stanley de elevar a “emergente” a la Argentina tuvo hasta ahora gran impacto para atraer inversiones a una Bolsa porteña golpeada por la aversión al riesgo. Por ahora todas son malas noticias, empezando por el frente externo, ya que al daño provocado por la sequía, que provocó pérdidas por US$5.000 millones este año, se suman múltiples datos negativos en la industria y el comercio. La economía está en recesión. Todo indica que para poder cumplir la meta de reducción del déficit en un contexto recesivo deberán postergarse parte de las rebajas impositivas. Uno de los puntos que más inquieta a los operadores financieros está vinculado con el cumplimiento de las exigentes metas fiscales impuestas por el Fondo. El organismo ya desembolsó US$15.000 millones de los US$50.000 millones comprometidos. El problema es que si en septiembre la Argentina no puede demostrar el cumplimiento de los objetivos firmados, podría demorarse la llegada de nuevos fondos, lo que obligaría al gobierno a barajar y dar de nuevo. Entonces sí habrá un tembladeral.s