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Problemas que se multiplican

Carrió inscribió la peor semana de su carrera en Cambiemos y abrió una grieta política en el frente gobernante.

Hasta ahora era sólo el problema económico el que desvelaba a la administración de Mauricio Macri, o en todo caso un problema surgido de un equivocado planteo para ordenar la economía y avanzar hacia algo parecido al despegue, sin embargo ahora hay un cortocircuito político, además del desarreglo de fondo que nunca fue solucionado en 31 meses de gestión. Es decir ya son dos frentes los que deben atender, irremediablemente ambos tienen incidencia en las urnas, que es el objetivo central de Cambiemos. Le queda como mucho seis meses para enderezar la nave, después vendrá el oleaje electoral de 2019.

Lo que queda claro es que el camino de profundización del ajuste elegido por el gobierno de Macri genera tensiones que atraviesan todo el escenario económico y abren interrogantes sobre los principales objetivos del Presupuesto 2019. El razonamiento de que la Argentina saldrá adelante equilibrando las cuentas cueste lo que cueste empieza a abrir grietas en la alianza gobernante, sucede que muchos comienzan a preguntarse si vale la pena comprometer el cada vez más escaso capital político que queda, cuando las elecciones se acercaran a pasos agigantados. El Mundial de Rusia, Messi, Sampaoli no ayudó en nada y ahora sólo queda remontar la cuesta. A la par, el problema político, generado por la magra performance económica, es que son tres los partidos que sostienen al Gobierno, y no uno como a veces desearían asumir las principales espadas del PRO. Un río por ahora subterráneo de preocupación sacude a los socios radicales de la coalición, mientras Elisa Carrió -quien soportó su peor semana política desde que asumió Cambiemos por distintos pasos en falso- se juramentó bancar a Macri hasta el final porque considera que lo contrario sería repetir los errores que hicieron irse en helicóptero antes de tiempo a Fernando de la Rúa en 2001. Ayer la legisladora, de origen chaqueño pero radicada en Buenos Aires, volvió a mojar la oreja de sus antiguos correligionarios. Dijo: “Al final los radicales tienen que reconocer que están con una ex miembro (del partido) que los maneja desde afuera. Es el mayor castigo por misóginos. Nos mandaban a las convenciones a servir empanadas y ahora los manejo yo desde afuera”. La respuesta del Comité Nacional no tardó en llegar y fue duro, el presidente Alfredo Cornejo firmó un comunicado que señala: “Los argentinos necesitan seriedad, no un stand up permanente”. Un día antes Carrió cometió un furcio garrafal al reivindicar su idea de que la clase media dé “changas y propinas” a los trabajadores informales. La diputada confundió la palabra “changas con coimas”. Quedó muy mal parada. “Es el Pipita Higuaín de Cambiemos, antes la embocaba de todos lados y ahora van todas afuera”, según la cita que el periodista de Clarín Fernando González le atribuye a un macrista que respeta a Carrió. Ayer, con su ataque a los radicales, no sólo tiró la pelota a las nubes, además fouleó a uno del mismo equipo. Así es difícil encontrar el equilibrio, a menos que ésta sea parte de la estrategia para desorientar y entretener a la platea. El analista José Calero (NA) sostiene que el problema para Macri no sólo es político, ya que el propio establishment que lo acompañó en el 2015 entró en zona de nubosidad variable, preocupado por una crisis social que termine erosionando los pocos logros económicos alcanzados. Si hasta el campo, el sector empresarial más alineado con Cambiemos, le llevó planteos al Presidente por las dudas sobre el futuro de las retenciones y las altas tasas de interés. Y en la misma línea se anotan todos los sectores, amigos y no tanto. La economía no mejora y la política empeora. No es buena señal.s