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La estanflación en progreso

Según especialistas, el proceso de estanflación que está en desarrollo sería el sexto episodio de esta característica a partir de la salida de la crisis de 2001/2002.

El diccionario instruye que un “oxímoron” es una composición retórica que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado opuesto. Algunos de los ejem­plos más comunes y archiconocidos son: tensa calma; fuego helado, muerto en vida; ángeles del infierno. El afamado -e igualmente denostado- Ricardo Arjona es algo así como el rey de los oxímoron, sucede que las letras de sus canciones están repletas de este recur­so; dice en una de ellas: “acompañame a estar solo”. No es el único que garabatea estas figuras, otros de mejor talento han aprovechado la misma herramien­ta para componer, pero el guatemalteco ha ganado una fortuna empalmando con algo de música estas frases que encierran una contradicción. La historia viene a cuento porque tradicionalmente se pensaba que el término “estanflación” era un oxímoron. Error. Argentina ha entrado en la estanflación y lo sufrirá, habría sido mejor lidiar con un oxímoron.
Todo indica que lo que resta del año se caracterizará por un proce­so de estanflación en el país; esto es: la combinación de estanca­miento con inflación.
Antes los que encaraban la definición del error so­lían asociar que se trataba de procesos inflacionarios con aumentos en la demanda global que generaban, por un lado, incrementos en la producción y, por otro lado, precios en alza. Sin embargo, desde la década de los años ‘70 apareció en el mundo la combinación de ascensos de precios con caídas en el nivel de actividad. Eso es la estanflación y está comenzando a acentuarse en diversos puntos de la geografía nacional donde los sectores productivos se ralentizan y los precios de los productos se aceleran.
Un informe del Centro de Estudios de la Nueva Eco­nomía de la Universidad de Belgrano señala que el fe­nómeno no es novedoso para la economía argentina. Tras la crisis de 2001/2002, nuestro país atravesó un período de estanflación entre fines de 2008 y comien­zos de 2009. Mientras los precios al por menor crecían a un ritmo anual de entre 20 y 25%, la actividad se con­traía entre un 3 y 4% en comparación con igual período del año anterior, como consecuencia del conflicto con el campo y la crisis financiera internacional.
A partir del segundo trimestre de 2012 y hasta fin de ese año, la economía argentina evolucionó con una in­flación anual de entre 24 y 25%, mientras se registraba simultáneamente una caída en la actividad del orden del 2-3% interanual. El cepo cambiario instaurado a fi­nes de 2011, la contracción en la industria automotriz a partir de la menor demanda de Brasil y una leve sequía explicaron el retroceso.
Tras la devaluación de enero de 2014, la economía retrocedió du­rante todo ese año a una tasa del 3-3,5% interanual, mientras la va­riación anual de precios se ubicaba en torno al 35%.
A fines de 2015 se registró un nuevo retroceso en la actividad, asociado con el recambio de go­bierno, mientras la inflación anual superaba el 25%. Finalmente, a partir de febrero de 2016 se veri­ficó otra caída en el nivel de acti­vidad que se prolongó hasta me­diados del año, mientras los precios crecían a un ritmo cercano al 40% anual.
El proceso de estanflación que está en desarrollo se­ría el sexto episodio de esta característica a partir de la salida de la crisis de 2001/2002.
En toda la Argentina se sentirá, con mayor o menor rigurosidad; en Corrientes el cierre de fabricas textiles, despidos, suspensiones o licencia de su personal ejem­plifican un fenómeno que está en plena expansión. El caso de Alpargatas, la planta situada en la localidad de Bella Vista, que adelanta las vacaciones de sus opera­rios por falta de actividad, es la confirmación del pro­ceso en marcha. Y promete ser peor.
A propósito de los oxímoron de Arjona, algo así como: “la postergación que progresa”