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Necromaníacos

En esa extraña relación que tenemos con la muerte, últimamente en las redes sociales, y sobre todo a través de los grupos de whastapp, se multiplicó el intercambio de fotografías truculentas de accidentes, muertos, como también videos de asesinatos a sangre fría.

“Manía” proviene del griego y entre sus acepciones más conocidas se encuentran: preocupación caprichosa y a veces extravagante por un tema o cosa determinados; afición exagerada por alguien o algo. Una manía describe una obsesión, centrada en una idea fija. Eso le puede ocurrir a una persona y también a una sociedad. El escritor Claudio Negrete en su libro “Necromanía” aborda justamente cómo los argentinos tenemos una cultura muy arraigada con relación a la muerte y en particular a los muertos.

En ese contexto sostiene que es común escucharnos a los argentinos mencionar expresiones que muestran esa costumbre de pararnos siempre sobre la muerte: “A vos te sigo hasta la muerte”, “Si pierdo el trabajo me mato”. En términos futbolísticos: “Sos un muerto, hijo de p...”; a la peor zona del Mundial la llamamos “Zona de muerte”. Si hay mal de amores: “Me muero si no me llama”. Para echar a alguien le decimos: “Andate de acá porque te mato”. Los adolescentes tienen incorporada la frase: “Qué garrón, me muero...”. En política es común escuchar: “Es un muerto político”, y cuando un proyecto no tiene futuro se afirma que “‘va en camino muerto”. En esa extraña relación que tenemos con la muerte, últimamente en las redes sociales en medio, y sobre todo a través de los grupos de whastapp, se multiplicó el intercambio de fotografías truculentas de accidentes, de muertos, como así también de videos de asesinatos a sangre fría, que pese a advertirnos que pueden herir la sensibilidad del espectador, las miramos como si fueran una película. El morbo por la muerte y por todo lo que la rodea ha alcanzado grados extremos. Sin ir mucho tiempo atrás se puede recordar cómo el año pasado circularon y se compartieron las fotografías del cadáver de Santiago Maldonado que se encontraba en la morgue, hecho que -por cierto- ameritó una investigación de la Justicia para hallar al responsable de tomar las fotografías y de difundirlas. En la mayoría de las oportunidades, la explicación que dan quienes inician la cadena de mensajes, es el interés de informar, pero convierten una realidad perversa y preocupante en entretenimiento informativo poco ético, ya sea para obtener más seguidores, o más “Me gusta”. Este fin de semana a propósito de la muerte de Juan Carlos “Flaco” Cosarinsky, ocurrió algo semejante en Corrientes. Durante la siesta del sábado y tras conocerse que se encontraba en muy grave estado en el Hospital Escuela, comenzaron a circular las imágenes de la tomografía que le habían practicado, en las que justamente se podían observar las lesiones que presentaba. Como ocurre en todos los casos, de inmediato, muchos de los que recibieron la fotografía repudiaron que trascendiera tal imagen, pero eso no evitaba que la cadena de reenvíos de mensajes continuara adelante.En medio del dolor y la preocupación por la salud del “Flaco”, sus propios familiares, advertidos de lo que pasaba por los canales virtuales, tuvieron que pedir por favor que se suspendiera la circulación, reserva y sobre todo respeto hacia el Flaco Cosarinsky. Además de advertencias de indignados, rechazos y hasta pedidos de explicaciones y de investigación a las autoridades del Hospital Escuela, respecto de cómo se filtraron los estudios. Lo cierto es que una vez más, el morbo mostró su faceta más clara, sobre todo excusándose tras la explicación de confirmar qué había ocurrido con esta figura pública y tan querida para los correntinos. ¿Qué extraño gozo sentimos al compartir imágenes de dolor? ¿Qué raro gen cultural tenemos que nos lleva a intercambiar como si fueran figuritas, fotos y videos de accidentes, de muertos, o -como en este caso- de un estudio que muestra el daño sufrido por una persona? ¿Cuánto describe y habla de nuestra sociedad esta costumbre? ¿Dónde quedó el respeto, la reserva, la sensibilidad hacia el otro, hacia el enfermo, el sufriente, y sobre todo hacia la familia? La explicación tal vez requiera de un profesional, que nos estudie y nos diagnostique qué nos pasa como sociedad.s