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Entre lo ideal y lo posible

El proyecto para la legalización del aborto abrió un espacio de debate inédito, más allá de los fanatismos. El dilema está planteado y le toca al Congreso resolverlo.

La política se hace muchas veces en el espacio que se abre entre lo ideal y lo posible y los senadores que apoyan la legalización del aborto se encuentran hoy allí, en ese lugar incómodo en el que ninguna decisión augura una satisfacción plena. La reflexión le pertenece al periodista Pablo Sieira (cronista acreditado de la agencia Noticias Argentinas en el Senado de la Nación) quien profundizó el análisis de una situación inédita en el Congreso donde se instaló un debate abierto que aborda, casi impensadamente, la realidad de la salud pública en la Argentina, que arrastra un déficit que se sufre a diario y que seguramente se volverá todavía más evidente con la aprobación de la ley que obliga a los hospitales a atender -sin dilaciones- la interrupción de los embarazos.
Blindado a ciertos fanatismos -de uno y otro extremo- y con un saludable ánimo de construir una legislación que responda a la necesidad, pero especialmente se adecúe a la realidad sanitaria, el proyecto es motivo de atención permanente. Describe Sieira que el debate se volvió tan espinoso que casi nadie está pensando en la audiencia pública del próximo martes con la candidata a procuradora general, Inés Weinberg de Roca, y los diputados que lograron aprobar el proyecto en la Cámara baja están más pendientes de lo que hagan los senadores que de lo que ocurra con el decreto que modificó el rol de las Fuerzas Armadas.
La posibilidad de modificar el proyecto original sobre interrupción voluntaria del embarazo -como proponen desde hace varios días los senadores cordobeses Carlos Caserio, Laura Rodríguez Machado y Ernesto Martínez- persigue el objetivo de evitar que los senadores que rechazan la legalización del aborto lo sepulten. Sin embargo, no todos los senadores que están a favor de la legalización están de acuerdo con esta estrategia y por eso los que integran el Bloque Justicialista -donde hay una mayoría a favor del proyecto, tal como vino de Diputados- se reunirán el próximo martes para discutir internamente.
La idea de abrir una negociación sobre posibles cambios que permitan sumar votos surgió de Miguel Pichetto, jefe del Bloque Justicialista, quien analizó el tema con Caserio (que además de integrar el “Grupo Córdoba” que motoriza esta opción, es vicepresidente de la bancada del PJ) luego de que el último conteo le diera ventaja al ala del “No”. Pero senadores que están a favor de la legalización como el también justicialista Alfredo Luenzo o la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti no están de acuerdo con esa opción, pues consideran que además de demorar la sanción de la ley, el proyecto corre el riesgo de trabarse en la Cámara baja.
Hay firmes sospechas de que si el proyecto vuelve a Diputados, algunos legisladores cambiarán su voto por el “No”. La chaqueña Aída Ayala ya lo anunció.
Las comisiones de Salud, de Justicia y de Asuntos Constitucionales firmarán el miércoles los dictámenes que se someterán a votación en el recinto el 8 de agosto y hasta ahora, hay tres: uno de rechazo pleno al proyecto de Diputados, otro de aprobación y un tercero con cambios. En este escenario, un relevamiento realizado por NA que suma las firmas de todos los senadores que integran el plenario -incluidas las de quienes forman parte de más de una comisión- arrojó que el dictamen de rechazo contaría con 24 firmas, contra 22 que conseguiría el de aprobación y tres el que propone cambios.
Por el momento, el cuadro general es el siguiente. El proyecto aprobado en Diputados suma (seguro) 31 senadores que votarán en contra con la posibilidad de agregar tres o cuatro de los nueve que están indefinidos. En tanto, los que votan “Sí” son 27, que podrían llegar a 30. Los indecisos definirán. Pero lo importante no son los números, sino la calidad del proyecto. s