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El derecho a la vida

No hay ley de aborto en la Argentina. En términos legales todo sigue igual, pero ya nada es lo mismo. eE tema quedó firmemente instalado y el debate está abierto.

El proyecto para la interrupción voluntaria, legal y segura del embarazo naufragó en la Cámara de Senadores. Siete votos marcaron la diferencia, tan exigua como la que hubo en Diputados (cuatro votos) para darle media sanción. En definitiva, no hay ley de aborto en la Argentina. En términos legales todo sigue igual, pero ya nada es lo mismo. El tema quedó firmemente instalado y más allá del resultado que marcó la suerte de la iniciativa parlamentaria, el debate está abierto, seguramente habrá de continuar, pero desde otro lugar y con una altura diferente desde donde comenzó. Corresponde que así sea. Si hay un afán genuino por lograr una sociedad madura, sana (en todos los sentidos), con justicia y equidad, la discusión debe seguir adelante y prosperar en una definición que incluya a todos, no a una circunstancial mayoría. El presupuesto básico para ese debate pendiente y que lamentablemente no fue abordado sino muy tangencialmente en esta instancia, es que está en juego un principio liminar: el derecho a la vida. ¿Desde qué momento la vida es un bien jurídicamente protegido en la Argentina? Hay respuestas en este momento a esa pregunta (en el espíritu de la Constitución Nacional en los pactos internacionales que tienen rango constitucional, también en el nuevo Código Civil argentino) y dice que la tutela del derecho comienza desde la concepción. Ciertamente es una definición que se discute en el mundo y no todos los países coinciden.

Ahora bien, los que impulsan la legalización del aborto en procura de otorgar derecho a las mujeres, indirectamente están modificando este principio fundamental que rige la actual convención colectiva, soslayando una discusión que es claramente anterior a la ampliación de cualquier otro derecho. Resulta imprescindible precisar el límite de la vida, en su consideración puramente biológica y desde el momento en que es sujeto de tratamiento normativo. La posibilidad de estas valoraciones -que ya fueron hechas y están en vigencia- establecen que el bien jurídico protegido no es la “vida” como realidad puramente biológica, sino el “derecho a la vida” como realidad normativa inserta en un sistema jurídico. El introducir valoraciones sobre el derecho a la vida permite legislar sobre asuntos como el aborto no punible, la legítima defensa, la eutanasia e, incluso -un tema polémico-, la pena de muerte. Como contrapartida, si se considera que el bien jurídico protegido es la “vida” en su sentido puramente biológico, las regulaciones sobre éstos y otros asuntos tropezaría con un debate (jurídico y social) huérfano de sustento. Asumido que el Derecho Penal protege el bien jurídico vida y no la vida en su sentido biológico, se impone como consecuencia lógica de un orden, definir el comienzo de la vida. Hay dos teorías, la de la “Fecundación” y la de “Anidación”, que difieren en el tiempo pero están próximas a lo que podría denominarse el origen mismo de la vida y muy lejanas al plazo de las 14 semanas que proponía el proyecto de aborto. Este asunto es medular. ¿Cuándo comienza la vida y desde qué momento es un bien jurídicamente protegido para el Estado argentino? No fue lo que se dirimió en el tratamiento parlamentario reciente, o sí, pero no de la manera clara y profunda que merecía. El debate transitó por otros carriles, empujado por urgencias que son atendibles y que merecen pronta solución. Acaso lo importante de esta experiencia, en la que no deberían identificarse ganadores ni perdedores, es que se puso en lo más alto de la agenda pública un tema tabú para los argentinos. Y con esta irrupción la visualización de un problema real que no puede ocultarse ni eludirse: el aborto. El primer paso para resolverlo es precisar -definitivamente- desde qué momento la vida tiene derecho en la Argentina.s