Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.nortecorrientes.com/a/138436

Cerró Cló Cló, el restaurante de la política y la farándula porteña

Después de tres décadas de esplendor, cerró Clo Clo, el mítico restaurante de la Costanera que reunía a famosos y políticos

Con un impactante salón para más de 250 comensales y en un predio con parque de siete hectáreas, fue un símbolo de los ‘90. El futuro del lugar es incierto

clo-clo-ristorante-8-56-1380681510.jpg

Alguien dijo alguna vez que la Costanera norte porteña podría considerarse como una enorme barra que se extiende frente al Río. Restaurantes, carritos, discotecas y bares dispuestos uno al lado del otro en un lugar que parecía vivir una fiesta permanente.
Pero hoy, la zona, que conoció el esplendor gastronómico –particularmente hacia fines de la década de los '80 y comienzos de los '90 con lugares como Los años locos, Bahamas, Ski Ranch y tantos más– se va despidiendo de aquella opulencia y la crisis parece golpearla duro.
 
En los últimos días se supo del cierre del mítico restaurante Clo Clo, un símbolo de los años '90 en el que, noche a noche, por sus elegantes salones confluían celebridades y personalidades del mundo de la política.

Hoy, aquel sitio por el que circulaban ministros, ídolos del mundo del deporte, funcionarios, vedettes, cantantes, actrices y celebridades de todo tipo está en silencio y prácticamente vacío.
 
En la entrada del edificio imponente sobre la calle Rafael Obligado, con sus clásicos techos negros a dos aguas y paredes blancas descuidadas, se acumula la correspondencia y carteles de protesta de quienes hasta hace poco trabajaban en el lugar.
Según informó el sitio Nueva Ciudad, el personal fue desvinculado durante el último mes y el futuro del predio es incierto.
 
Clo Clo permaneció en la zona por más de tres décadas. Se trataba de un comercio familiar, comandado a lo largo de los años por tres generaciones, entre quienes se destacó el emprendedor gastronómico Víctor Losada, que personalmente solía recibir a los comensales y era muy querido por todo habitué del local.
En los últimos años, se intentó darle un nuevo impulso al restaurante, de la mano de su hija Karina, quien convocó al reconocido chef Jorge Audisio. 

En sus épocas de esplendor, el restaurante llegó a tener lugar para más de 250 comensales (Guille Llamos)
Pero no hubo caso, el lugar no pudo subsistir y bajó la persiana.
Según informó en 2017 la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC), en Buenos Aires cierra un restaurante por día.
 
Entre las principales explicaciones para este fenómeno que parece imparable, los expertos aseguran que les resulta difícil mantenerse en pie ante la caída del consumo y el aumento en los costos de los servicios como luz, gas, además del incremento en los precios de los alquileres.
 
Según solía difundir en su página web –que por estas horas se encuentra caída– Clo Clo ofrecía "un entorno único, compuesto por siete hectáreas de parque, tres salones, una barra y una cava con las mejores etiquetas y bodegas".
 

VISITANTES ILUSTRES
En la década de los '90 ir a comer a Clo Clo era símbolo de prestigio, de calidad y de cierto glamour de una época en la que por el circuito gastronómico de la Costanera Norte desfilaban personalidades del mundo del espectáculo y de la política.
El restaurante supo ser, además, una cita obligada para que los anfitriones locales llevaran a las visitas internacionales. Esas que por entonces, como protestaba la canción noventosa de The Sacados, no paraban de venir.
 
Entre las anécdotas más recordadas de quienes se deleitaron con los platos de Clo Clo –siempre bajo el sello de contar con una carta de "cocina internacional"– está la visita de la legendaria estrella del soul James Brown, quien en 1997 pisó por primera vez Buenos Aires y pidió tocar el piano que se lucía en el centro de los salones del lugar.
 

Clo Clo de noche, un clásico porteño
También pasaron por allí otras celebridades internacionales, como Luis Miguel y Cristian Castro.
Nadie quería quedarse afuera de una fiesta que parecía no tener fin.

Fuente: Infobae