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Como el cepo, pero con bandas

El gobierno tiene en mente implementar un sistema de “Crawling peg”, que es una flotación controlada con andariveles de mínima y máxima.

La administración de Mauricio Macri prepara una medida polémica, no exenta de riesgos, para tratar de domar la cotización del dólar que ha experimentado una suba extraordinaria desde abril último, licuando reservas y confianza. La estrategia -dicen- es poner andariveles para que la moneda norteamericana flote entre parámetros de mínima y máxima. Esto significaría el adiós a la flotación libre, que es el objetivo del modelo de Cambiemos y que además había sido pactado con el Fondo Monetario Internacional cuando se rubricó el acuerdo con el fenomenal endeudamiento de 50.000 millones de dólares, que dicho sea de paso está frenado por el desbarajuste de la economía en la Argentina. Justamente, hoy el presidente Macri parte hacia los Estados Unidos (junto con su ministro de Economía, Nicolás Dujovne) con la idea de conseguir una reunión con la señora Christine Lagarde, gerenta del FMI.

Si se confirma el trascendido, que por ahora tiene categoría de versión periodística, la recta final de la gestión de Cambiemos será con un dólar encorsetado entre dos bandas, para que no se escape. Traducido, Macri terminará el mandato con su propio cepo cambiario. No sería igual al del kirchnerismo, pero en cierto modo se parece bastante. Como primer punto de análisis es un renunciamiento político, significa hacer lo que tanto han criticado de sus antecesores. Como se recordará, durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (en el año 2011) se estableció un cepo cambiario; a través de la intervención del Banco Central de la República Argentina se definía el valor del dólar y se controlaba la venta, a quién y para qué. Resultó un calvario, en términos económicos generó un enorme daño por el desequilibrio y en la cuerda política licuó cualquier expectativa de continuidad del kirchnerismo. La gente se hartó de la restricción, a lo Venezuela. Comprar dólares llegó a ser considerado una acción delictiva, subversiva. El macrismo (también el radicalismo) fue muy duro en la crítica y prometió desterrar el cepo si llegaba al poder; así lo hizo y el impacto de la devaluación produjo el primer cimbronazo en los bolsillos de los argentinos. Lejos de terminar allí, el deterioro del peso (y del poder económico de los asalariados) se acentuó. Ahora la situación se ha vuelto insostenible y el gobierno de Cambiemos se apresta a implementar una estrategia de contención que no es el cepo, pero tiene efectos parecidos. Por lo que se sabe, la medida consistiría en dejar flotar al dólar entre los 32 y los 44 pesos, con el fin de evitar así saltos pronunciados en la cotización de la divisa. Técnicamente se denomina “crawling peg”, así con una flotación controlada, el tipo de cambio se moverá de acuerdo con una pauta fijada por la autoridad monetaria, en línea con el nivel de inflación. Es decir que si se supera el techo o se cae por abajo del piso que se establezca, el Banco Central (que ahora conduce Luis Caputo) podría intervenir para brindar estabilidad y previsión en el mercado cambiario. Trascendidos indican que en el Banco Central entienden que el tipo de cambio encontró un equilibrio, en los $40, y que ahora es necesario planificar el mediano y largo plazo en el mercado cambiario. Si bien hasta el momento no hubo información oficial al respecto, trascendió que ése sería uno de los puntos del nuevo acuerdo que la Argentina se encamina a cerrar con el FMI. Mauricio Macri, que el lunes dará un discurso en la ONU, espera poder reunirse con los directivos. Llama la atención que esperan a que se fuguen más de 30.000 millones de dólares (buena parte de ese stock era el préstamo inicial del FMI) para buscar una solución. Hay yerros que no se entienden, huelen a maniobras espurias. s